El sacacorchos

No hay Dios que pueda

Por Jon Mujika - Miércoles, 14 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

EL evangelio de San Mateo explica lo sucedido ayer en Larrabe-tzu mejor que nadie. “Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá escaseces de alimento y terremotos en un lugar tras otro. Todas estas cosas son principio de dolores de angustia”, dice el pasaje Mateo 24:7,8. Vistas las fotografías de lo sucedido en las tierras desprendidas en el punto kilométrico 26 de la carretera Mungia-Astoreka, en las cercanías del alto de Astoreka que une el término municipal de Larrabetzu con el de Gamiz-Fika, queda una sensación de que algo milagroso ocurrió en aquella devastación, cuando los tres ocupantes del Volkswagen Passat atrapado por la desgracia tuvieron el reflejo de salir por peteneras cuando el mundo entero se les venía encima. Huyeron por un puñado de centímetros de la catástrofe.

Lo que quiera que esté pasando aquí, ningún Dios puede ya detenerlo, debieron pensar los tres hombres afectados en medio de la noche. Cuando la tierra se desata con tanto salvajismo, con semejante fiereza, solo cabe invocar a la intuición humana, la única respuesta capaz de sobreponerse a la catástrofe desatada. Vuelvan atrás en el periódico: ¿Ven esas imágenes, con la tierra partida en dos?, ¿qué sintieron quienes vieron cómo se abría la tierra de par en par? Solo con verlo, brota la respuesta de manera espontánea: miedo, un pánico cerval y salvaje. Nunca mejor que ayer para decirlo, una vez salvado el cuello: corrieron peligro, en el sentido más literal del término.

Miguel de Cervantes daba consejos certeros para situaciones semejantes a las de ayer: “El retirarse no es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza. Se les llama cobardes a quienes retroceden ante el peligro”. Que se lo digan a estos tres citados, más orgullosos que un ocho de su cobardía.

E pur si muove (Y sin embargo, se mueve, en castellano) es la hipotética frase en italiano que, según la tradición, Galileo Galilei habría pronunciado después de abjurar de la visión heliocéntrica del mundo ante el tribunal de la Santa Inquisición. Ayer no no defendieron esa intuición. Corrieron porque lo vieron.