primer viaje del athletic a Moscú

Carlos Ruiz: “No sé si era la KGB o no, pero nos seguían”

Carlos Ruiz, expichichi del Athletic, relata el primer viaje a Moscú en 1973, en plena era soviética: “tuve un broncoespasmo, nunca lo había pasado tan mal”

Pako Ruiz Moscú - Miércoles, 14 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

La expedición del Athletic aterrizó ayer en Moscú. Lo hizo 34 años y cuatro meses después de que el conjunto rojiblanco jugara por primera vez en la capital rusa. Hubo una segunda, hace seis años, y que supuso el inicio de un bello recorrido hasta la final de Bucarest. Entre aquella primera vez y la actual se ha pasado de siglo y la ciudad moscovita ya no es el centro de operaciones de la antigua Unión Soviética, que se dio por expirada en 1991. Aquel septiembre de 1973, el Athletic voló a Moscú en plena guerra fría, lo que generó cierta excitación e incertidumbre por la farragosa burocracia que podría entrañar y por el matiz sociopolítico que ofrecía, además de suponer el estreno de la extinta Recopa europea esa campaña, con el duelo de ida de los dieciseisavos de final frente al Torpedo Moscú. Los dirigidos por Milorad Pavic sacaron un empate sin goles, para rematar la faena quince días después en San Mamés gracias a los tantos de Astrain y Lasa.

Carlos Ruiz (Bilbao, 7 de junio de 1948) fue uno los rojiblancos partícipes en aquella eliminatoria ante el Torpedo Moscú, un conjunto que a día de hoy vive tiempos de decadencia y que milita en la Division 2 rusa (la equivalente a la Segunda B), “del que no teníamos ni una sola referencia, no sabíamos prácticamente nada de él, porque como es obvio no había los medios interactivos que existen a día de hoy”. El que es el último pichichi del Athletic (lo conquistó en la campaña 1974-75 con una tarjeta de 19 goles) compareció en el tramo final del duelo en el Estadio Central Lenin, denominado así en la época soviética para rebautizarse en la actualidad como Estadio Olímpico Luzhniki (curiosamente donde jugó el Athletic de Marcelo Bielsa seis años atrás frente al Lokomotiv), y recuerda el duelo como “un partido muy duro, muy físico, porque ellos tenían mucha pinta de atletas, lo que nos generaba cierta incertidumbre. Eran también futbolistas con buenas cualidades técnicas. Lo positivo es que fuimos capaces de aguantar pese a no jugar bien y resolvimos en Bilbao”.

Aquel viaje, sin embargo, ofreció muchos más alicientes al margen del futbolístico. Se trataba de un destino muy atractivo, “muy sugerente por lo que representaba”, rememora el exdelantero centro rojiblanco, que tras colgar las botas se dedica a la medicina. “Recuerdo que había mucha expectación en el vestuario”, dice Carlos Ruiz, que posteriormente ha regresado a la capital rusa en dos ocasiones más, como médico de la selección española de balonmano para disputar los Juegos de la Amistad en 1984, organizados por el bloque del Este que boicoteó los Juegos Olímpicos de Los Ángeles;y en un viaje de placer con su esposa. “El club tuvo que hacer frente a un largo papeleo, del que estuvimos al margen. Sí tuvimos, en cambio, libertad de movimiento para visitar los puntos más turísticos, como la Plaza Roja, en la que posamos muchos compañeros, pero también es cierto que nos sentíamos vigilados, no sé si por la KGB o no, pero nos seguían. Nos decían que te podían parar y pedir el pasaporte, que no nos descuidáramos”.

Carlos Ruiz remarca que “hacía mucho frío, aunque fuera septiembre y creo recordar que había una especie de aire polar”. Se queda, entre otros detalles, con el hecho de que el “mercado negro era lo que se estilaba. Salíamos beneficiados con el cambio de pesetas a rublos. Pasamos por él creo que toda la expedición, con compras económicas. Yo, al margen de las típicas matrioskas (muñecas tradicionales rusas), me hinché a comprar vinilos de música clásica, que estaban tirados de precio. Tampoco recuerdo que nos pusieran restricciones a la hora de comprar. Sí nos llamaba la atención el valor icónico de los puntos de mayor interés en Moscú y no notamos una hipotética hostilidad de la gente por aquello de los bloques de la Europa del Este y la del Oeste”.

BRONCOESPASMO El encuentro en el Estadio Central Lenin ocupa un lugar llamativo en el álbum profesional del exgoleador. No porque llegara a batir a Rakudkin, portero del Torpedo, sino porque sufrió “uno de mis peores momentos de salud en un campo de fútbol”. Carlos, que en aquel 1973 ya cursaba estudios de Medicina tras abandonar los de Ingeniería, lo rememora ese instante: “Salí al campo en el último tramo del partido (minuto 63) después de chupar mucho frío en el banquillo. Apenas había calentado, si bien corrí mucho para entrar en calor. Pero cuando volví al vestuario tuve un broncoespasmo por la entrada de aire frío en los pulmones, que causó una irritación. Me tuve que agarrar al lavabo, tenía una tos fuerte y ganas de vomitar. Se me pasó al cuarto de hora. Nunca lo había pasado tan mal”.

La plantilla de José Ángel Ziganda aterrizó ayer en Moscú, cuyos termómetros avisaban de temperaturas gélidas, entre 8 y 9 grados bajo cero, aunque la sensación térmica era aún más heladora. Carlos subraya que en aquel otoño de 1973 el frío no era tan acusado en la capital rusa, pero sí recalca que “los tejidos actuales, como la ropa térmica o el GoreTex, te permiten combatir mucho mejor el frío”. “En nuestra época no existían y las equipaciones estaban hechas incluso de lana. La camiseta pesaba más cuanto te mojabas, te quedabas como una mojarra. En la caseta tomábamos café con unas gotas de coñac para entrar en calor”, detalla el expichichi rojiblanco, al que este Athletic no le transmite buenas sensaciones: “No soy optimista, pero espero fallar en mis previsiones. El hecho de jugar la vuelta en San Mamés podría entenderse como una plusvalía, pero quizá no lo sea después de que tampoco lo está haciendo bien en casa. Son situaciones que generan dudas, porque no hay una idea clara de juego y el equipo no está nada bien”.