Tribuna abierta

Trump, el (frívolo) soñador americano

Por Igor Barrenetxea Marañón - Lunes, 12 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

EL presidente Trump tiene un hermoso sueño, el sueño americano. Un sueño vital, emprendedor y desarrollado que, claramente, encarna y simboliza la épica de la historia norteamericana, en la que cualquier persona puede llegar a ser lo que quiera si se lo propone. No hay sociedad mejor. En ninguna otra un multimillonario vanidoso y ególatra, despreciando a su partido, es capaz de llegar tan alto y convertirse en presidente por la gracia de Dios, aunque, eso sí, obteniendo menos votos que la candidata opositora. En fin, esto es lo que se cuece.

La realidad, que no es nueva, con Trump llega a un límite de exageración mayor que en la época de George Bush hijo (tras un pucherazo electoral en toda regla), otro inefable representante de la América profunda. El único consuelo de su presidencia es que Trump todavía no ha tenido que enfrentarse a decisivos problemas internacionales, que no ha tenido que vivir (y esperemos que no ocurra), un 11-S, ni ha optado por invadir países dejando todo mucho peor que antes, inventando pruebas falsas que desembocaron en otra mentira presidencial que se suma a las muchas que ya atesora el Estado federal (como la que se denuncia en el filme Los papeles del Pentágono (2017), sobre la guerra del Vietnam). Sin embargo, Trump, en su discurso a la nación, insistió en que hay que levantar un muro con México infranqueable y que la base de Guantánamo no se cierra (símbolo de las torturas y de la violación de los derechos humanos) y expresó un rechazo al inmigrante, causante de los males del país. Además, en política exterior se presentó como el gran adalid frente a la amenaza de Corea del Norte, Venezuela o Cuba, y para disuadir a sus enemigos, pretende modernizar el obsoleto arsenal nuclear…

Es verdad que, frente a esta burda política interior y exterior, la economía norteamericana marcha viento en popa. El porcentaje de paro ha bajado a mínimos históricos y se están dando unos buenos índices de crecimiento. Pero no se sabe nada sobre la atención de los problemas endémicos de la sociedad, el racismo, la falta de políticas de integración, rebaja de las prestaciones sociales, marginalidad, pobreza y miseria, sino de un incremento desmesurado del presupuesto militar. En la paradoja, la administración federal cerró durante diez días por falta de acuerdo presupuestario. Es la otra cara del sueño americano. Aunque fue más comedido en su intervención que con sus famosos tuits, expresó que no es un hombre que se arrugue, lo suyo es brillar, ha nacido para ello. Pero su propia luz le ciega. Aunque eso le da lo mismo, no tiene problemas en mostrarse como es, con franqueza, altanero y sincero, tosco, irascible e imprevisible. Ha ido apartando de su lado a muchos de sus primeros colaboradores. Los quema. Es así. Su vanidad exige obediencia y sumisión. La autocrítica o la rectificación es para otros. No para el máximo mandatario del país más poderoso de la tierra. Lo sabe, lo siente y no duda en percibir esa fuerza que le recorre de arriba abajo. Su fe en sí mismo es tan grande como la sensación de poder de la que disfruta. Pero, a pesar de que ya en su investidura, como en este primer balance de su mandato, se presenta como el padre de la patria, el único que mantiene firme el timón (frente a la hipocresía de los viejos poderes), no se da cuenta de que no entiende nada. Hace y deshace, pero no es capaz de encarar los problemas del mundo con las suficientes garantías.

A la vista está con lo ocurrido en Oriente Próximo, dejando a las mismas milicias kurdas que apoyó al albur del ejército turco, que se está dedicando a arrasar la frontera siria. Tampoco ha hecho ningún favor a los palestinos trasladando la embajada de Estados Unidos a Jerusalén Este, lo que cierra el paso a que se pueda dar un proceso de entendimiento. No solo eso, ante la manifestación de rechazo de la Autoridad Nacional Palestina, solo se le ha ocurrido congelar las ayudas a los palestinos como medida de presión, permitiendo que los israelíes puedan proseguir con su política de colonización ilegal de Cisjordania a su libre albedrío…

Frente a Corea del Norte todavía no ha dado ningún paso en falso, pero la tensión en el mar de China se palpa en el ambiente. No hay acercamiento, y tampoco Trump con su discurso belicista ayuda. Es como si no fuera consciente de que cualquier otra alternativa a la confrontación es mejor y utiliza un lenguaje frío y metálico, sin darse cuenta de que cualquier vida es preciosa y no se puede sacrificar en el altar del orgullo o de la vanidad.

Sin embargo, Trump, a pesar de todo, sigue con pies firmes asentado en la Casa Blanca. Todavía le restan tres años más de mandato. Su popularidad es baja. Pero eso tampoco es algo que le vaya a echar atrás en su dialéctica insultante ni en su actitud intransigente y racista. Es lo que es. Y así es como ha logrado convertirse en presidente. Si actuara y se comportase de otra forma, no sería él, sino otro y, por lo tanto, es lo que hay.

Trump encarna como nadie el sueño americano, no hay sorpresas, en su narcisismo, en su falta de complejos e insensibilidad hacia la gente miserable y desamparada, en una inteligencia puesta al servicio de los negocios que devora y tritura a sus enemigos. Ha hecho de la posverdad su mejor bandera, el invento de noticias, el desprecio de la prensa libre y de la conciencia, el romper la sociedad en dos, entre sus detractores y defensores, en un juego en el que se siente muy cómodo, porque de esa manera nadie le toca. Trump es América y América es Trump. Pero la América oscura y salvaje, aquella que es hábil en levantar imperios a costa de los trabajadores y del sufrimiento ajeno, aquella que cree en un modelo de vida de lujo reservado para unos pocos, en un afán materialista, en que la falta de escrúpulos es lo que marca la diferencia entre ricos y pobres, la que ha permitido que el hampa pudiera adquirir un poder inmenso y que los lobbys sean capaces de hacer que un tiburón como Trump acabe gobernándolos a todos, como Sauron.