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Rumanía: Canibalismo político

Por Valentí Popescu - Lunes, 12 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

rumanÍa parece haber alcanzado el “no va más” del canibalismo político al haber derrocado el partido mayoritario -PSD- en un año a dos jefes de Gobierno de ese mismo partido.

En realidad, más que de canibalismo se trata de corrupción política. O, para ser más exacto, de caudillismo postcomunista. Porque, se enfoque como se enfoque, la historia de esa singularidad parlamentaria rumana tiene siempre un mismo protagonista: Liviu Dragnea, presidente del PSD, y diputado inhabilitado temporalmente para ejercer cualquier cargo público por falsificación electoral.

El PSD (Partido Socialdemócrata) es la patria política de la antigua “nomenclatura” de la jerarquía comunista rumana y está dirigido con mano de hierro por Dragnea, otrora cacique de una provincia meridional del país. Allá, Dragnea montó -según denuncian las autoridades anticorrupción- una red de empresas dirigidas por testaferros para su enriquecimiento personal a base de contratas estatales subvencionadas con dinero comunitario y otorgadas a dedo por la Administración rumana, e incluso con ventas de bienes estatales (¡una isla en el Danubio!) muy por debajo del precio real a una de las mentadas empresas.

Cuando el PSD ganó con holgada mayoría las legislativas de 2016, Dragnea no pudo asumir la jefatura del Gabinete porque acababa de ser inhabilitado por los tribunales a causa de su participación en un fraude electoral. Así que en el más puro estilo satrapico, Dragnea asumió las riendas políticas del país por medio de hombres de paja: el jefe del Gobierno y los demás ministros. Pero las presiones de Bruselas para investigar acerca del uso de sus subvenciones a Rumania determinó que los jefes de Gobierno dejaran abiertas a la investigación operaciones que ponían en peligro la riqueza y, eventualmente, hasta la libertad de Dragnea.

La reacción de este fue contundente en ambos casos: el PSD derrocó a sus propios primeros ministros. Y la pasada semana se formó el tercer Gabinete del PSD, aliado a dos partidos menores, bajo la presidencia de Roxana Plumb… que justamente había sido titular de la cartera de Subvenciones Comunitarias en el Gabinete anterior, presidido por Mihai Tudose.

Plumb y la, a la sazón, vicepresidente del Gobierno, Sevil Shhaideh, fueron destituidas de sus cargos por Tudose porque la máxima autoridad anticorrupción las estaba investigando por abuso de poder. La decisión de ese jefe de Gobierno implicaba mucho más que un “mea culpa” de honradez de su equipo: la vía libre dada así a la investigación ponía en peligro al propio Liviu Dragnea, principal beneficiario de las presuntas tropelías administrativas de Plumb y Shhaideh.