Desconexión colectiva

Los pañuelos blancos asoman en San Mamés después de que un Athletic sin rumbo sufriera un nuevo fiasco
Los leones encadenan cinco jornadas sin ganar y esperan que Europa cure los males

Pako Ruiz - Sábado, 10 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:00h.

bilbao - Quizá Kepa Arrizabalaga, uno de los nombres propios del partido, retrató el momento en caliente: “Necesitamos coger confianza y darnos un poquito de moral a nosotros mismos”. El portero, que retornaba al once dos meses después, ofreció un punto de resignación. Como si no hubiera más madera que la que arde. Y ese estado depresivo lo padece el pueblo soberano, que es el que paga. El público de San Mamés, cada vez menos poblado y cuya espantada requiere una profunda reflexión, sufrió un nuevo esperpento, como ocurriera en el derbi frente al Eibar, y su paciencia está a punto de agotarse. No en vano, se vieron ya un buen número de pañuelos blancos a la conclusión del choque, aunque no fueron los mayoritarios, pero sí acentúan una indignación con el fútbol que está ofreciendo el colectivo de José Ángel Ziganda, al que tampoco le valió la vuelta a su idea habitual tras el batacazo que se dio con la revolución fallida en Montilivi.

Este Athletic no se sabe si es carne o pescado. No se conoce a qué juega, simplemente. La Unión Deportiva Las Palmas, el vicecolista y por tanto uno de los llamados a descender, sacó a relucir las carencias de un conjunto rojiblanco que continúa en plena caída, que no encuentra las soluciones y que produce vértigo ante el calendario que le viene encima, con los enfrentamientos frente al Atlético de Madrid, Valencia y Sevilla. Ni siquiera alivia el hecho de que en medio llegue a La Catedral el Málaga, el colista, que, visto lo visto, hasta genera pánico. Porque si los leones no son capaces ya ni de ganar al último clasificado… Así las cosas la Europa League podría ejercer de bálsamo, si se tira de una visión optimista;o, en cambio, podría agudizar el desplome, en clave pesimista.

Lo cierto es que la desconexión es evidente. La cotización del Athletic en LaLiga Santander baja enteros partido tras partido. Son ya cinco las jornadas consecutivas sin conocer la victoria, con una pobre cosecha de cuatro puntos sumados sobre quince posibles, un dato preocupante cuando enfrente ha tenido rivales asequibles (Espanyol, Getafe, Eibar, Girona y Las Palmas) y que desvela la falta de rumbo del equipo y del mismo entrenador, que no da con la tecla y que públicamente hasta lo reconoce, lo que proyecta un desconcierto que no invita a nada bueno a corto plazo.

Markel Susaeta, el capitán, reconoció en la víspera de su trigésimo cumpleaños que el Athletic había tocado fondo con el K.O. copero frente al Formentera. Entonces, Ziganda incluso temió por su puesto, pero tiene la confianza de la Junta Directiva y, sobre todo, de su presidente. Josu Urrutia apostó fuerte por el de Larraintzar y a día de hoy no va a cambiar de idea, salvo, se entiende, que la situación llegue a un punto insostenible. Aquella crisis la causó un fútbol de lo más ramplón y los resultados, con seis jornadas ligueras seguidas sin vencer. Por aquellos días de noviembre, la competición europea alivió los males, con los triunfos sobre el Hertha Berlín y el Zorya que sellaron el primer puesto del grupo.

el oro de moscú El subconsciente de Kepa quizá le hizo retroceder a aquellos momentos de crisis. De ahí ese poquito de moral que menciona. El primer asalto de la eliminatoria de los dieciseisavos frente al Spartak de Moscú podría ejercer ese efecto curativo. Eso sí, el Athletic competirá a menos diez grados sin Iñigo Martínez, por aquello de que haya jugado este curso con la Real Sociedad en esta competición. El de Ondarroa debutó ayer como rojiblanco en San Mamés y lo cierto es que estuvo a un nivel aceptable, acorde a su perfil que ha generado su fichaje tras la marcha de Laporte. Sí estarán en la capital rusa Aduriz y Raúl, que, por el contrario, serán bajas en el Wanda Metropolitano por sanción. Todo muy imprevisible.

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