Sefao Ammari Joven inmigrante

Sefao Ammari: “Me duele escuchar que todos los jóvenes del centro de menores de Amorebieta son unos delincuentes”

Sefao Ammari llegó a Bizkaia hace una década de Marruecos en busca de una mejor vida. Ahora está integrado y disfruta de un trabajo estable en Orozko

Sandra Atutxa - Sábado, 13 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:08h.

Bilbao - Levanta la mirada al cielo y deja que la lluvia le moje la cara. Esboza una sonrisa mientras se deja retratar por el fotógrafo. Con gran esfuerzo y trabajo ha conseguido labrarse ese futuro que imaginó cuando siendo un adolescente decidió dejar atrás a su familia en Marruecos para emprender un viaje incierto, pero también lleno de esperanza. Sefao Ammari es un joven de 26 años que como otros muchos chavales ha estado bajo la tutela de la Diputación de Bizkaia y ha pasado por el centro de menores de Amorebieta-Etxano. El incendio que obligó a desalojar hace un mes el caserío donde reside un importante número de jóvenes inmigrantes volvió a sacar a la luz un tema que genera controversia sobre la protección o no de este colectivo bajo la tutela de la institución foral.

¿Por qué decidió marcharse hace diez años de su país?

-Por que allí no tenía ningún futuro. Procedo de un pueblo bereber, ubicado a 800 kilómetros al sur de Tánger. En mi pueblo, el futuro para la gente joven es muy oscuro. No quedan más opciones.

¿Fue una decisión complicada?

-Por supuesto que lo fue. Dejar a mis padres, a mis amigos, fue una decisión que costó mucho, pero yo necesitaba labrarme un futuro y en Marruecos no tenía posibilidades para poder hacerlo.

¿Por qué decidió venir a Bizkaia?

-Porque mi hermano llevaba dos años aquí y tenía referencias de que en el País Vasco había posibilidades de conseguir un trabajo y una vida digna.

Cuando llegó al País Vasco, ¿pensaba en trabajar?

-Por supuesto. Yo no me juego la vida dejando atrás mi país para que me lo den todo hecho, no lo concibo. Siempre he enfocado todo lo que he hecho para poder trabajar y ahora estoy orgulloso de tener un trabajo en una empresa ubicada en Orozko. Estoy integrado.

Hay expertos que aseguran que existe una mafia que trae a menores hasta la península. ¿Usted cómo llegó?

-Las mafias están en las mismas fronteras. Ahí es donde están. Yo no vine pagando miles de euros, ni en moto de agua, ni en patera como he oído que dicen algunos que han llegado aquí.

¿Y cómo llegó?

-Me escondí en los bajos de un autobús.

Consiguió esquivar los controles.

-Bueno, me pillaron bastantes veces. Un día me levanté de la cama y les dije a mis padres que me marchaba. Prácticamente con lo puesto, emprendí el vuelo y me planté en Tánger. Allí pasé días intentando colarme en un camión, en autobuses... pero me localizaban en los controles de la policía de frontera.

Pero no desistió.

-No. No estaba dispuesto a rendirme. Y eso que he visto con mis propios ojos a chavales que han caído muertos del cansancio, deshidratados después de recorrer kilómetros y kilómetros en los bajos de un camión.

¿Merece la pena?

-Sí (con rotundidad).

¿Por qué?

-Porque por mucho que el futuro sea incierto lo que dejas atrás es mucho peor. Lo único que puedes perder es la vida y eso con lo que tienes en Marruecos no tiene ningún valor.

¿Cuánto dinero llevaba en los bolsillos?

-Nada. No llevaba nada.

¿Cómo lo hizo?

-Mendigando. Sí, ahora no me importa decirlo, pero tuve que mendigar para poder sobrevivir.

¿Cómo fue?

-Fue duro, pero logré llegar. Cuando conseguí esconderme en los bajos del autobús me pasé más de siete horas sin apenas moverme hasta llegar a Algeciras. Una vez allí pedí ayuda y un señor me dio 20 euros para poder comer algo. Lo que me di cuenta es de que en Algeciras nadie pregunta nada, porque la gran mayoría estaba en las mismas condiciones o peor de lo que estaba yo.

¿Y después a dónde fue?

-A Bilbao. Un señor de Marruecos me echó un cable y me ayudó a comprar un billete para poder viajar a Bilbao en autobús.

¿Qué fue lo primero que hizo en la capital vizcaina?

-Fui a la comisaría de la Policía Municipal que estaba al lado de San Mamés a pedir ayuda. Como pude me hice entender. Había aprendido lo justo para conseguir que me entendiesen y me mandaron al centro de menores de Amorebieta.

¿Cómo fue la experiencia?

-No tengo un mal recuerdo. Estuve catorce días en Amorebieta. Este centro es de recepción y dependiendo de tu comportamiento te derivan a otras zonas.

¿Entonces estaba saturado?

-Llegué a Amorebieta en 2006 y sí había más chavales de la capacidad que tenía el centro. Hay épocas en las se llena más y, en otras, en cambio, hay menos chicos. Cuando yo estuve, si en una habitación entran dos personas, hubo días en los que llegó a haber hasta cuatro.

¿Todos los jóvenes procedían de Marruecos?

-Sí. Pero no solo en los centros por los que pasé hasta los 18 años, sino también en los pisos en los que viví.

Sucesos como el incendio en el centro de menores de Amorebieta ensombrecen la imagen de este colectivo de menores.

-Lo sé, y no sabe cómo duele escuchar cuando dicen que todos los jóvenes del centro de Amorebieta son unos delincuentes. Tengo muchos amigos que han estado en ese centro y que ahora tienen su trabajo. Yo no soy un delincuente.

Pero sí hay jóvenes que residen en los centros de menores que son conflictivos.

-No voy a decir que todo el mundo que pasa por ahí es un santo, pero tampoco todos son unos delincuentes. Esos chavales ya llegan a Bizkaia de entornos muy conflictivos, de la periferia de Tánger, de la zona de Casablanca...

Uno de estos jóvenes fue detenido por ser el presunto autor del incendio en el centro de Amorebieta. ¿Qué le parece?

-Que lo pague (rotundo).

En los primeros años, ¿cuál fue su momento más complicado?

-Con 18 años es cuando empieza una nueva fase. Creo que la integración de chavales como yo es complicada porque las opciones para relacionarnos son pocas. Parece que por estar en un centro como el de Amorebieta ya eres un delincuente y eso no es así.

¿Hay cosas que son necesarias cambiar?

-Sí. Aunque yo estaré eternamente agradecido a la ayuda que me han prestado;como crítica constructiva, creo que no se trata solo de dar de comer y cobijo.

¿Que echó de menos?

-Un plan de integración que vaya más allá de dar un techo para vivir a un grupo de inmigrantes. Si llegas a un piso y te encuentras que todos los que están proceden del mismo sitio que tú, las opciones de relacionarte con la cultura y de abrirte al entorno son más complicadas. Me habría gustado que me hubieran dado la oportunidad de aprender euskera. Eso se lo suelo comentar ahora a mis compañeros de trabajo.

Lo que más le costó...

-Buscar un trabajo que te dé una estabilidad;eso es fundamental para empezar. Yo reconozco que he tenido suerte, pero también creo que es importante la predisposición y el interés de uno. Si quieres conseguir algo hay que trabajarlo, no vale con estar viviendo todo el día del cuento y que te lo den todo. Por eso, el momento en que cumples 18 años es muy delicado. De hecho hay muchos chavales que ahí es cuando pierden el rumbo.

Supo aprovechar las oportunidad que le dieron.

-Sí, estoy muy agradecido a la gente que confió en mí. A la asociación Hemen, a la Cooperativa Peñaskal que me ayudó a formarme...

¿Es feliz?

-No me puedo quejar. Tengo un trabajo, un piso donde vivir... Después de lo que he vivido, ¿qué más puedo pedir?

¿Regresaría a Marruecos?

-De vacaciones... pero mi sitio está aquí. Soy de aquí, me gusta Euskadi, pero no pierdo mis raíces.

¿Le gusta el fútbol?

-Claro.

¿Y de qué equipo es?

-Del Athletic, por supuesto.