Colaboración

Catalunya, resistencia y represión

Por Robert Pastor - Jueves, 11 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:14h.

ANALIZADOS en frío los resultados del 21-D catalán, destaca la capacidad de resistencia del soberanismo, que llegó a superar los dos millones recibidos el 1 de octubre, la participación de récord (82%, sin contar la rebaja relativa por el recuento de los sufragios desde el extranjero) y la victoria pírrica de Ciudadanos (C’s) en contraste con el hundimiento absoluto de un PP que habrá de compartir grupo mixto con la CUP, y con menos apoyos directos que los radicales.

Pero el dato numérico fundamental es que, esta vez, las candidaturas del president Puigdemont -que superó contra pronóstico a Esquerra- y la de los republicanos (34 y 32 escaños, total de 66) superan al conjunto de no independentistas, incluida la decreciente coalición de Colau, Podemos y compañía (36 C’s, 17 PSC-PSOE, 8 de los comunes y 4 populares) suman uno menos. Quiere eso decir que, en segunda vuelta, los dos principales partidos que configuraron hace dos años Junts pel Sí no necesitarían el apoyo explícito de la CUP para la investidura, ni estarán sometidos a exigencias como la que apartó entonces a Artur Mas de la presidencia.

Los cuperos, contra su tradición, se habrían mostrado dispuestos a entrar en el Govern, una incorporación que los sucesores de Convergència i Unió no ven con buenos ojos, sino todo lo contrario.

La primera dificultad para recuperar un Govern del mismo color que el aniquilado por el 155 es la disparidad interna. Esquerra y Junqueras reconocieron la lógica de investir al líder exiliado en Bruselas y habrían pactado ya hacerlo, pero si regresa con la consecuencia immediata del encarcelamiento... En su ausencia forzada, los republicanos querrían encabezar el nuevo ejecutivo de la Generalitat, además de incorporar a la CUP contra el criterio de sus socios.

La segunda en orden cronológico pero más trascendente en la práctica, es el mantenimiento de la represión desde las instituciones del Estado. El día 11 de diciembre, en una entrevista en RAC 1, al candidato popular Xavier García Albiol se le escapó la expresión “presos de ETA” cuando quería referirse a los reclusos catalanes. Un lapsus significativo. Y es que no han faltado opiniones de juristas que equiparan las penas previstas para los “investigados” por sedición y rebelión a las aplicadas por terrorismo en tiempos pasados.

El PP y su aparato judicial afrontan fuertes tentaciones contra el reconocimiento práctico de la voluntad del electorado del Principat: mantener de una u otra manera la supresión de la autonomía y, en todo caso, impedir la investidura de un soberanista. No se puede olvidar que son diez los “investigados”, tres de ellos en la cárcel y cinco en Bélgica, que encabezaban listas de ERC y JxCat.

En los cenáculos de la rumorología ya se habla de posibles sustituciones, en caso de imposibilidad por la fuerza de una presidencia de Puigdemont o de Junqueras, con candidatas alternativas a presidenta: Marta Rovira, de Esquerra, y Elsa Artadi, directora de la exitosa campaña, por Puigdemont. Habrá que esperar, después de la constitución del nuevo Parlament y sus órgano. A ver si el president decide volver, si le dejan optar a la investidura, si se lo permiten al líder republicano salido o no de prisión... En definitiva, si Rajoy y los suyos, incluido el brazo judicial, cumplen las manifestaciones reiteradas durante la campaña de reconocer y aceptar realmente los resultados de los comicios.

Entre tanto, el sorpasso de Arrimadas y Rivera plantea otras cuestiones que trascienden el ámbito del Principat. Una previa es la traslación del voto socialista al partido naranja en sus feudos tradicionales, conocidos genéricamente como “cinturón rojo” de Barcelona. Salvando las distancias (para muchos no tantas) es parte del fenómeno generalizado en Europa de los colectivos de trabajadores pasados de la izquerda a la extrema derecha a impulso de sus miedos. La noche del día 21, Albert Rivera ya celebró el éxito de su representante Inés Arrimadas en clave estatal. Y el gobierno y el partido de Rajoy han tomado nota. De momento, han renunciado a convocar elecciones anticipadas, porque está claro que su operación Catalunya la ha capitalizado su competencia directa. La mano derecha del todavía presidente del gobierno español, su jefe de gabinete Jorge Moragas (aquel amigo de Sánchez Camacho y de Victoria, la examante de uno de los hijos de Pujol) se ha ido a la embajada ante la ONU;Soraya Sáenz de Santamaría, la presidenta fáctica de la Generalitat, enmudeció;Albiol dice que no dimite por no acabar de destabilizar su partido...

Eso sí, don “M. Rajoy” respondía a la oferta de entrevista de Puigdemont diciendo que con quien habría de reunirse primero es con Inés Arrimadas, la triunfadora parcial, y que, en todo caso, para un encuentro con el huido sería requisito imprescindible que volviera y fuera reinvestido president. Retranca gallega o puro cinismo.