Ander Iturraspe y Mikel Rico

Pareja bien avenida

Cuatro temporadas después, Ander Iturraspe y Mikel Rico vuelven a coincidir en la alineación para demostrar que su sintonía sigue intacta

José L. Artetxe - Martes, 9 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:14h.

bilbao - Parece que tras cinco meses probando todo tipo de combinaciones José Ángel Ziganda ha dado con la tecla en el centro del campo. Nunca puede tomarse como definitiva una elección concreta porque el fútbol es una actividad muy voluble, sujeta a múltiples factores, muchos incontrolables. Pero a día de hoy, da la sensación de que el dúo formado por Ander Iturraspe y Mikel Rico ofrece todas las garantías. Cuando menos se observa que la zona ancha vuelve a ser territorio amigo, un espacio donde el Athletic se siente a gusto y propone cosas interesantes, a partir de las cuales el funcionamiento mejora, en defensa y en ataque.

Durante tiempo, no ya en la presente campaña sino también en las dos anteriores, el centro del campo se había convertido en un sitio de paso. Poco a poco el equipo interiorizó que era preferible recurrir al juego en largo, relegando la elaboración a un segundo plano. La idea se justificaba en buena medida gracias a las virtudes de Aduriz y Raúl García, especialistas en sacar chispas a los constantes envíos directos que salían de campo propio en dirección a las inmediaciones del área enemiga. Ellos no se limitaban a transformar los buenos centros en algo útil, también se imponían si en vez de pases con sentido les mandaban melonazos.

Con receptores tan cualificados, el Athletic se acostumbró a ahorrarse el trámite del círculo central. No importó en exceso que la calidad del fútbol se resintiese porque los dos de arriba se las arreglaban para engordar sus estadísticas rematadoras y al final del curso se alcanzaba el premio de la plaza europea. La propuesta tenía otras ventajas: se minimizaba el riesgo de pérdida en lugares comprometidos y el bloque se descolocaba poco. Sin embargo, la apuesta por un fútbol tan elemental conllevaba grandes esfuerzos en la presión o en la persecución de una pelota que a menudo no le pertenecía. Al disfrutar el rival de una posesión superior, colonizaba el círculo central, tomaba la iniciativa y controlaba el ritmo de los partidos.

Este estilo se convirtió en una pauta que ahora se revisa: Ziganda quiere que el Athletic domine con el balón. Sin renunciar a la presión alta y al despliegue físico, pero tratando de conectar las líneas con una circulación a ras de césped, con las piezas escalonadas para facilitar la tarea. Lo curioso del tema es que Ziganda ha tenido que apelar a dos elementos que cuatro años atrás, en la primera temporada de Ernesto Valverde, eran fijos en el once.

año inolvidable Con Iturraspe y Rico en la sala de máquinas, el Athletic hizo el mejor fútbol que se recuerda y la recompensa fue el acceso a la Champions. El equipo, que ese año no compitió en Europa, no se movió de la cuarta posición desde la decimoquinta jornada hasta el cierre del campeonato. Luego, ambos futbolistas fueron perdiendo presencia, no al año siguiente pero sí posteriormente y de forma muy acusada a raíz del fichaje de Raúl García.

Su suerte ha cambiado, de nuevo el técnico les brinda su confianza. Se dirá que Ziganda ha tardado demasiado en juntarles, pero los problemas físicos de uno y otro han sido un impedimento objetivo en varios tramos del calendario. Lógicamente, ello ha favorecido la participación de otros jugadores y la persistencia de diferentes parejas, aunque ninguna ha terminado de cuajar. Y si la media no aporta equilibrio para contener y dar salida al equipo, resulta complicado que el conjunto sea fiable, regular y competitivo.

Aún es prematuro afirmar que Ziganda ha dado con la media ideal, pues Iturraspe y Rico han coincido en tres partidos y medio (el primero se lesionó antes del descanso ante el Madrid), pero en principio se aprecia un avance importante. La clave radica en que siendo muy distintos, sus características mezclan bien, son complementarios. Lo demostraron con Valverde y pese al tiempo transcurrido su complicidad permanece intacta.