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Un Athletic muy serio

Ganó el derbi con autoridad, desplegó un fútbol bien elaborado bajo la batuta de Iturraspe y mereció la goleada

José L. Artetxe - Lunes, 8 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:13h.

ATHLETIC: Iago Herrerín;De Marcos (Min. 83, Lekue), Etxeita, Laporte, Saborit;Williams, Iturraspe, Mikel Rico, Susaeta;Raúl García (Min. 80, Beñat) y Aduriz (Min. 91, Sabin Merino).

ALAVÉS: Fernando Pacheco;Martín Aguirregabiria, Alexis, Maripán, Duarte;Manu García, Pina (Min. 66, Medrán);Ibai (Min. 72, Rubén Sobrino), Burgui (Min. 21, Bojan), Pedraza;y Munir.

Goles: 1-0: Min. 8;Etxeita. 2-0: Min. 64;Aduriz, de penalti.

Árbitro: González Fuertes (Comité Asturiano). Por el Athletic, mostró tarjeta amarilla a Susaeta (Min. 53) y Etxeita (Min. 79). De Alavés a Pedraza (Min. 12), Martín (Min. 24), Alexis (Min. 62) y Munir (Min. 64).

Incidencias: Partido correspondiente a la decimoséptima jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés ante 41.000 espectadores, según datos oficiales.

BILBAO - El derbi con el Alavés no fue un simple suma y sigue. Aparte de la rentabilidad a efectos clasificatorios, el Athletic extrajo un beneficio que tiene que ver con la autoestima y el crecimiento como equipo. Se impuso con absoluta autoridad, su juego convenció en amplias fases, nunca perdió el control y por buscar un pero, habría que referirse al desperdicio de situaciones que impidió en última instancia establecer en el marcador la auténtica distancia que le separó del grupo que dirige Abelardo. Y aún así, aunque el triunfo nunca corrió peligro, a falta de media hora para la conclusión quedó abortada cualquier posibilidad de sufrir un disgusto.

Fue una actuación seria, propia de un conjunto que empieza a creer en sus posibilidades. El Athletic ha ido puliendo defectos en semanas anteriores, se muestra fiable en la contención y empieza a soltarse con balón, seguramente su déficit más obvio y lo que condicionaba la producción en ataque. Los dos goles que hizo nacieron de acciones a balón parado, un córner y un penalti, sin embargo se anotaron no menos de media docena de remates que perfectamente pudieron acabar en la red de un Pacheco, quien con su trabajo logró que el Alavés siguiese metido en la pelea. Más que los intentos que se concretaron en chuts y cabezazos repelidos por el portero o que se escaparon cerca de los palos, dado que es imposible alcanzar una efectividad plena, lo que penalizó el balance ofensivo fueron los numerosos pases desacertados que trazó en el área visitante, con todo a favor para incrementar la cuenta.

Un detalle este que no es preocupante en sí mismo. Bastante peor sería que no tuviese presencia arriba, que delanteros y medios no pisasen la zona caliente, pero tanto Williams, principalmente, como Aduriz, Susaeta, Rico o Raúl García pusieron en evidencia a la zaga babazorra con notable asiduidad. Y esa facilidad para concluir las acciones obedeció a una circulación de la pelota más que correcta. El Athletic aparcó la rifa de la pelota sustituyéndola por los pases entre líneas y la búsqueda de espacios, bazas posibles gracias al criterio, un ritmo alto y la movilidad de todos.

Iturraspe tuvo una gran influencia en el fútbol desplegado. Tocó mucho y bien, y cuando esto ocurre el colectivo lo agradece. El funcionamiento es otro. El medio centro mezcla con los centrales en el inicio, luego su visión se complementa con el despliegue y proyección de Rico y Susaeta, ayer menos brillante, además se crean superioridades para avanzar por las alas. En fin, el Athletic diversifica su repertorio y resulta difícil de frenar, deja de ser previsible. También fue destacable la aportación de Herrerín en este aspecto. No siempre es posible salir desde atrás a base de paredes y ahí el portero, que prácticamente no tuvo que emplear sus manos a causa del nulo filo de los rivales, exhibió su toque para abrir a bandas o buscar las bajadas de Raúl García y Aduriz.

La alternancia del juego corto y el largo invalidó los argumentos defensivos del Alavés, al que no le daba para responder a ambas propuestas. Por fin el Athletic fue constante en el gobierno del encuentro. Apenas permitió que el Alavés le discutiese la iniciativa y solo a ratos optó por rebajar la presión en campo rival y practicar un repliegue que minimizó la propuesta visitante a una sucesión de pases sin profundidad. La participación de Munir, Burgui, suplido enseguida por Bojan, Ibai y Pedraza, no pasó de testimonial, sin peso. Como se ha comentado, Herrerín puede dar fe de ello.

Desde el arranque se comprobó quién mandaba. Aplicado en las marcas, el Alavés no se dejó avasallar, pero la primera subida de Saborit, al que Ibai miraba con catalejos, obligó a Pacheco a calentar los guantes. Williams empalmó una violenta volea y en el córner consiguiente, templado corto por Susaeta, Etxeita agarró un chut que tras rozar en Maripán describió una parábola para colarse por el palo opuesto. Qué duda cabe que la temprana ventaja allanaba el camino, pero el Athletic no se dejó ir, perseveró, fue acumulando posesión y salpicando su suficiencia con aproximaciones nítidas. Raúl García y Aduriz, a centros de Iturraspe y Williams, acariciaron el premio. No había color, si bien el Alavés no bajaba la cabeza, no lo iba a hacer perdiendo por la mínima.

IDÉNTICO GUIoN En el descanso flotaba la sensación de que el derbi podía estar ya liquidado. Por lo que tocaba cultivar la concentración, atenerse al guion hasta asegurarse el éxito. El decorado no cambió. Iturraspe emitía luz y la brega del resto iba madurando al vecino, impotente para cortocircuitar las múltiples conexiones abiertas por todo el terreno. Aduriz volvió a evaluar a Pacheco, rápido en su salida para tapar marco y pronto Duarte, martirizado por las piernas de Williams, cometió el error de sujetar a Raúl García por la camiseta para que no se impulsase. Penalti, que Aduriz transformó con parsimonia, ganando al meta el duelo de miradas.

Previamente, pisando área, a Susaeta y Williams les faltó tacto para servir al delantero mejor ubicado. Dos goles eran una garantía y una losa para el ánimo del oponente, al que no mejoraron los relevos introducidos por Abelardo. En el tramo final, todavía gozó el Athletic de dos oportunidades claras, acaso las más claras de la noche. Primero, Aduriz filtró un pase que dejó a Williams solo para fusilar, pero cruzó en exceso. Luego, Etxeita volvió a asomar en un córner, cabeceó sin oposición y la pelota se negó a obedecerle mientras Pacheco hacía la estatua. La gente pidió a Yeray, ovacionado en el calentamiento, Ziganda no cedió a la tentación y el Athletic se metió en la ducha con la satisfacción de haber combinado las dosis adecuadas de cabeza y sudor. Firmó un partido muy serio, propio de un equipo con aspiraciones en esta liga.