Tribuna abierta

Se abre la veda del Cupo

Por Juanma Alonso - Jueves, 7 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

LA de bandazos que está dando el PP en el tema de la reforma constitucional. Tú apóyame con el 155, que a cambio ponemos en marcha una reforma de la Constitución del 78, le habría prometido el gallego Rajoy al madrileño Sánchez. Bendecida la puesta en marcha del citado artículo con apoyo del principal partido de la oposición, Rajoy se ha dedicado desde entonces a marear la perdiz. Que igual no, que igual sí, que él cumple sus promesas, pero que él prometió hablar y no reformar… y que en cualquier caso, hay cosas más importantes que hacer.

Yo creo que Mariano Rajoy tiene muy claro que no le conviene ni remotamente abrir el melón constitucional. Sabe a ciencia cierta que no van a volver los días de vino y rosas en los que modificar la constitución era cosa de diez minutos, pactando el presidente del gobierno con el líder de la oposición únicamente aquello que les convenía, como sucedió en 2011 cuando Zapatero era lo primero, él lo segundo, y Angela Merkel la que mandaba sobre los dos. Ahora, gracias a (o según quién lo diga, por culpa de) los partidos emergentes, cualquier posible reforma constitucional se tendría que llevar a cabo con luz y taquígrafos y sólo después de un amplísimo debate no sólo parlamentario, sino también social.

Faltan a la verdad quienes dicen (empezando por Soraya Sáez de Santamaría) que sólo se iría a referéndum con una “reforma agravada” de la Carta Magna. Cierto es que el artículo 168 establece que sólo si la reforma afecta, digamos, a los cimientos de la misma, se debe ir automáticamente a referéndum. Pero el artículo 167 dice que, sea cual fuere la reforma propuesta, si la décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras lo pide, la posible reforma tendrá que ser necesariamente sometida a las urnas. Podemos y sus confluencias ya han dejado claro que van a exigir ese referéndum sí o sí. Y su grupo parlamentario, que yo sepa, tiene bastante más del 10% de los diputados. Si finalmente se pone en marcha la reforma constitucional que Sánchez se jacta de haber conseguido de Rajoy, (aunque Rajoy afirme haber prometido sólo hablar) un amplísimo debate y un posterior referéndum están servidos. Y ya se sabe que últimamente Rajoy teme a los referéndums como a un nublado, aunque no siempre haya sido así.

Las diez furgonetas de RajoyCuando en abril de 2006 Rajoy inició su estrategia, calcada de la de Slobodan Milosevic, de llegar al poder espoleando al nacionalismo dominante contra los periféricos, lo primero que hizo fue pedir un referéndum en todo el Estado sobre el Estatut catalán. El PP se pasó meses recabando firmas en patrióticas mesas petitorias y, finalmente, el 24 de abril de 2006, Rajoy se presentó en el Congreso con diez furgonetas cargadas con un total de 4.020.000 firmas pidiendo un referéndum que preguntase a la totalidad de los ciudadanos del Estado: ¿Considera conveniente que España siga siendo una única nación en la que todos sus ciudadanos sean iguales en derechos y obligaciones, así como en el acceso a las prestaciones públicas? De sobra sabía que ese referéndum, de haberse producido, lo iba a haber ganado por goleada (apoyado por la inmensa mayoría de votantes tanto populares como socialistas), pero que suponía abofetear al pueblo catalán, que apoyaba mayoritariamente ese Estatut. Zapatero no le dejó hacer su referéndum a Rajoy, que en julio de ese mismo año presentó recurso de inconstitucionalidad. Eso hizo que muchísimos catalanes viesen que por la vía estatutaria no había salida, se hicieran independentistas y ahora estemos en la que estamos.

Resulta por lo menos curioso que Rajoy le tenga ahora miedo a un referéndum cuando en 2006 afirmaba: “conviene escuchar la voz de los ciudadanos”. ¿Qué es lo que ha cambiado? Posiblemente que en ese tiempo lo que buscaba era llegar al poder y ahora lo que teme es perderlo.

Pedro Sánchez ya ha dicho muchas veces que quiere una reforma constitucional que contemple una España plurinacional y federal y Susana Díaz se ha encargado de recordarle que cualquier cosa que tenga en mente para vascos y catalanes ella lo quiere también para los andaluces. Esto augura que su propuesta será poco más que un café para todos modernizado: tal vez un mokaccino para todos.

Podemos y sus confluencias ya han dejado clara su apuesta por que se hable de todo, y que se haga de verdad: de reforma territorial valiente que contemple un nuevo encaje para las nacionalidades históricas (a las que no se debe cerrar la puerta de considerarlas naciones), de derechos sociales y, sin duda alguna, de la cuestión monarquía-república.

Pero yo creo que Rajoy no teme ni a Sánchez ni a Iglesias, sino a Rivera, que aboga por una clara recentralización del Estado de las Autonomías, disfrazando, como es habitual, su ultranacionalismo español con palabras tan bonitas como son la igualdad y la solidaridad. La caverna mediática, que le echa flores desde que empezaron a despuntar, da palmas con las orejas. Ni una transferencia más ni una concesión más. Y, por añadidura, el Estado debe recuperar plena competencia en Educación, reclama Ansón. De privilegiada y disfuncional antigualla tacha Libertad Digitala los Conciertos vasconavarros. Y para Aznar, Rivera es el único político que merece elogios. Aparte de sí mismo, claro.

Este es, en mi opinión, el quid de la cuestión. Ciudadanos le está adelantando por la derecha al PP y como se abra el melón constitucional va a tirar de ultranacionalismo español para quedarse con su electorado. Van a poner encima de la mesa el tema del Concierto, lo acabamos de ver en la votación del Congreso. Pocos temas iban a crear más entusiasmo entre los que cuelgan banderitas rojigualdas de sus balcones y aún entre muchos de los que no las ondean. ¡Vascos y navarros no contribuyen solidariamente a la empresa común y lo que tiene que primar es la igualdad entre todos los españoles! ¿Qué es eso de tener Hacienda propia, como si fuesen Dinamarca? ¡Esto se arregla con una buena reforma constitucional!

como con el estatutEl Concierto Económico puede convertirse en el nuevo Estatut y, si se toca (por supuesto democráticamente, ya que judicialmente es imposible), la reforma constitucional que Pedro Sánchez pidió para solucionar el tema catalán bien podría acabar no sólo no solucionándolo, sino haciendo estallar un segundo frente vasconavarro. Y no es un segundo frente de batalla lo que preocupa a Rajoy, que en su tiempo abrió el primero. Lo que le asusta es que venga Rivera y le sustituya como Generalísimo de los Ejércitos que luchan contra el separatismo.

Miedo me da una pelea de gallos entre PP y Ciudadanos a ver quién es más facha, pero intuyo que los segundos tienen una baza envidiable: achacan tanto al PP como al PSOE haber hecho demasiadas concesiones a los nacionalismos periféricos a cambio de servirles de bisagra para mantenerse en el poder. Lo acabamos de ver. Para Rivera, el Concierto Económico es uno de los ejemplos más palpables de las excesivas concesiones del PP a los separatistas, por la que Ciudadanos no está dispuesto a pasar. Esto le da libertad para presentarse ante el electorado español como el redentor que va a volver a restaurar lo que nunca debió desaparecer, la Una, Grande y Libre. Recentralizaremos aquello que es clave para el mantenimiento del Espíritu Nacional (la educación primero, para poder españolizar a los alumnos catalanes, como dijo alguno) y el Concierto después.

Alfonso Alonso advierte (parece increíble, ¿verdad?) de un “nacionalismo español” de Ciudadanos contra Euskadi. Y bastantes barones del PP ya están empezando a expresar su descontento con el Cupo, conscientes de los sentimientos de sus respectivos electorados. La bola de nieve que Rajoy echó a rodar en 2006 sigue pendiente abajo, cogiendo velocidad y ganando envergadura. El mismo referéndum que quería Rajoy en 2006 le da pánico ahora, porque Albert Rivera ha probado la sangre y quiere más. El españolismo en Catalunya se va a agrupar tras sus banderas y, ganen o pierdan (que creo que perderán), echarán la culpa tanto a los separatistas como a un PP que les ha dejado engordar.

Rajoy podrá dar largas ahora la reforma de la Constitución, pero no va a poder evitar que Ciudadanos haya identificado un inagotable nicho de mercado y planee seguir echando leña a la ya de por sí bastante descontrolada hoguera de la cuestión territorial. Porque sabe que le va a dar votos. Muchísimos votos. Me temo que se ha abierto la veda del Cupo, y los que quieren cazarlo van a tener cartuchos. Muchísimos cartuchos.