Artista vocacional, seguirá pintando cuadros

Rafa Villa baja el telón en las aulas

El vecino de Getxo se despide como profesor de teatro escolar tras 38 años Artista vocacional, seguirá pintando cuadros

Miércoles, 6 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

Marta Hernández

Getxo- Acaba de recoger sus últimos cuadros de las paredes del aula de cultura de Villamonte. Ahí estaba, por ejemplo, Vértigo, una ciclogénesis explosiva y colorista sobre las relaciones de pareja. Pero estas no serán las últimas obras del Rafa Villa artista. Para la creatividad de este vecino de Getxo aún quedan infinitos trazos. El que sí se despide, con mucha melancolía, es el Rafa Villa profesor de teatro infantil. 38 años en las aulas de los colegios del municipio han marcado a este hombre que vino de un lugar de La Mancha a Euskadi con 19 años. Este es su viaje, contado en desorden cronológico.

“La obra, más que de contenido social o ser un alegato político, la veo como un fado portugués, como un lamento. Es poética y surrealista. Son pinturas acrílicas pero el efecto final es como si fueran un lienzo. La exposición ha sido un éxito y ha gustado mucho”, confiesa Rafa al respecto de su última muestra en la sala de Algorta. Este trabajo fue “una motivación”, un espacio en el que posar la mente, una razón con la que distraerla, pues estaba magullada tras un adiós empapado en “nostalgia”. Rafa, a sus 65 años, decidió no seguir este curso en la escuela de teatro escolar, impartida a través de la asociación Guabe -Marga Vázquez, Myriam Rodet e Itxaso Bastero continúan al frente-. “Lo he pasado mal al dejarlo. Yo me mentalicé pensando: ser niño es una circunstancia, estos niños dentro de dos años ya van a ser unos adolescentes, esto es pasajero. No tengo que estar sumergido en el pasado. Ellos no me van a olvidar, pero tendrán su vida. Eso me ha aliviado. Creo que he dejado buen recuerdo en las escuelas a lo largo de 38 años”, reflexiona este hombre nacido en la provincia de Cuenca. A lo largo de más de tres décadas en las aulas de la interpretación, ha tratado de inculcar el “teatro como pedagogía activa”, puntualiza. “Nunca hemos sido funcionarios del teatro. A veces en una vida tan dirigida haces siempre lo mismo. También el ser humano tiende a hacerse cómodo. Nosotros no queremos que el niño aprenda un papel, sino que improvise, a través del juego, movimiento, improvisación… Y yo metía mucha plástica”, destaca Rafa, que también ha sido un buen amigo de las marionetas. “Siempre las he usado mucho y en los últimos años, con tanto ordenador y tanta tableta, ya tenía más problemas… Aunque sí conseguía que les gustara. Yo estaba más a gusto antes, en los primeros años, porque también era más joven, pero no había tanto recurso, la mente del niño estaba más limpia y no tenían tantos datos informáticos”, analiza Rafa.

Sus momentos en el escenario con los más jóvenes -Guabe también se encarga de las Jornadas de teatro escolar -que han alcanzado este año 35 ediciones- los compaginaba con su talento para pintar, como artista ha recorrido muchas salas de exposiciones, también del extranjero.

De Getxo al mundo“Me dio por las ferias de arte y al principio iba como un novato, pero no te compensaban los gastos respecto a los gastos. He expuesto en Nueva York, Miami, París, Dinamarca…”, enumera. “La gente dice de mí que me desborda la creatividad. Yo no analizo mucho mis trabajos, porque si no, nos los haría así”, reconoce. Ese talento seguirá derrochándose porque es algo natural, innato. Aunque, el destino de Rafa inició otro camino. “Siempre he dicho que por mi trabajo hubiera pagado, pero claro, hay que vivir… Pero me ha encantado, ha sido muy vocacional. Y eso que yo estudié todo lo contrario: maestría industrial, es decir, oficios diversos, como fresador, tornero, mecánico, electricista… Y el único sitio en el que realmente había trabajo en los años 70 era en Bilbao”, recupera Rafa.

De ahí que con 19 años, este conquense recalara en el norte. Lo que pasa es que, como él mismo asegura: “Nuestro ser a veces se rebela”. Y eso es lo que le ocurrió. “Una vez trabajando subido en un poste de la red telefónica me caí y me rompí la pelvis. Y dije: se acabó. Yo no vuelvo a trabajar aquí. Lo mío no es esto y la caída ha sido un aviso para decirme que lo mío es el arte”, desvela este vecino de Las Arenas. Y no se equivocó. Tampoco lo hizo su padre, que dedicado desde siempre al campo, deseó una mejor vidapara su hijo, ese pequeñín que metió “muchas horas jugando” en el taller de modistas de sus hermanas, todas mayores que él. “Ese tipo de cosas en el inconsciente se quedan, por eso hoy me gusta la moda y la plasmo a veces en mis obras”, sostiene el artista, el profesor que a buen seguro ha dejado huella en cientos de alumnos de Getxo.