Mesa de Redacción

Pecadores unidos

Por Susana M. Oxinalde - Martes, 14 de Noviembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

HA venido a morirse Chiquito de la Calzada y ha sido como si todos los que le conocían, también por la televisión, se hubieran unido en un suspiro de pena. Su diccionario imposible resultó tan transversal en el ya famoso Estado fallido que su salero traspasó fronteras. Chiquito hacía gracia desde Cornellá hasta Algeciras y ha venido a certificar que nadie mejor que él encarnaba la férrea unidad de España, esa que solo se consigue riendo juntos y no a base de artículos de la Constitución, cárcel y porrazos. Hasta su propia coreografía escenificó la versión friki de lo que veinte años después resultaría un proceso independentista, ese estrépito de pasitos cortos hacia adelante y hacia atrás de sus protagonistas, como hacía Chiquito con su saltito y ese guiño a la popular lumbalgia, que es un poco de todos, como si hubiera corrido una maratón o llevado mucho peso encima. Toda una alegoría española a la catalana en la que Chiquito ya nos avisaba cuando no había ni procés que ser Puigdemont es muy cansao. El expresident se mira al espejo y sale Chiquito como bailarín de yenkas o Rajoy, hasta antes de ayer un gobernante nulo para hoy acabar comiéndose a los catalanes crudos, sosteniendo que no hay políticos chistosos pero que la política puede parecerse mucho a ese chiste que contaba condemor: “Papá, llévame al circo. ¡Nor! El que quiera verte que venga a casa”.

susana.martin@deia.com