Mesa de Redacción

Independencia interruptus

Por Arantza Rodríguez - Jueves, 12 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

YA me olía yo algo raro. El padre de las criaturas, fiel a su peinado Madelman, se estaba dejando flequillo. La cosa es que me equivoqué en el diagnóstico. Pensé que le había dado un ataque de beatlemanía y resulta que se estaba mimetizando con Puigdemont. El martes se tragó su discurso justo hasta que declaró la independencia y se vino arriba. Otros lo dejaron de oír mucho antes (a ver esos asesores si vamos abreviando, que la peña está hecha a los tuits). El caso es que cuando llegué a casa, con una barra de pan de última hora que podría haber servido de porra a un antidisturbios, estaba subido a una banqueta de la cocina. Los críos, abajo, con los ojos como platos. Que ya no hay vuelta atrás, que se declara un ente autónomo. Al niño eso de ente autónomo le debió sonar a personaje de Star Wars porque corrió a por la espada láser y se sumó a la causa sin preguntar. La niña, que estaba cansada y que se pedía ser Rajoy, esto es, que se iba a tumbar al sofá. Yo, que vale, que si quería ir a su bola, no problemo, pero que el tupper de albóndigas de mi madre pasaba a ser de mi jurisdicción, así que ya podía ir friéndose un huevo. Última oportunidad. “A ver, hijo, ¿tú quieres independizarte?”. “Yo lo que quiero es un helado de chocolate”. El padre, que bueno, que igual se ha precipitado, que los jugos gástricos le confunden, que quien dice independencia dice interruptus y que si eso, la suspende y se lo piensa un poco. Cuánto daño ha hecho el streaming.

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