Bilbainos que dejan huella

“A Bilbao le queda un siglo de inevitable desarrollo hacia el mar”

Corre por sus venas un compromiso social, la idea de que una sociedad es una suma de aportaciones. Jesús Cañada es un hombre nacido para vivir entre otros

Una entrevista de Jon Mujika - Domingo, 1 de Octubre de 2017 - Actualizado a las 06:08h.

bilbao- Llega a la cita con gabardina y paraguas como si se transformase, para la entrevista, en el icono mismo del buen bilbaino. Descendiente de una familia de maestros vidrieros de alta escuela -los Cañada fueron, en el oficio, casi leyenda en la villa...- y de constructores, su oficio de arquitecto parece un destino escrito. Siente, lo repite varias veces, la necesidad de aportar vida la sociedad donde transcurre la suya. En sus mandamientos vitales puede escucharse eso tan chirene de “Amarás al Athletic por encima de todas cosas”, pero es un punto exagerado. Luego nos dirá que hablando de amores, el de su mujer es el más grande que ha conocido jamás. Le salvó la vida.

Señor arquitecto, ¿está Bilbao reventón de construcciones? Los profanos pensamos que ya no cabe ni una más.

-Sí, sí puede crecer. A Bilbao le quedan al menos cien años de inevitable desarrollo hacia el Abra, hacia el mar.

¿Para parecerse a quién?

-Puede compararse con la ciudad de Chicago a media escala, más abierto al mar. Allí ya tienen aparcamientos para las motoras en puertos deportivos a pie de portal. En Bilbao ocurrirá algo semejante en los próximos cincuenta años.

¿Tan claro lo ve?

-Gran parte del transporte internacional se hace a través del mar y las transformaciones más intensas se darán por ese mismo cauce, sin dudarlo.

Salgamos del agua, ahora que Bilbao ya no vive de espadas a la ría...

-Es verdad. Eso trajo el problema de la centralidad de la ciudad. Le pasó lo mismo a Barcelona. Ahora la tendencia es ha desarrollarse como ciudades más pericéntricas. Pero aún somos la única ciudad de Europa por la que pasa una vía rápida a un kilómetro de su centro.

Hay un espacio liberado para construir en ese centro: San Mamés.

-Al Athletic no me lo toque. Soy demasiado aficionado y me llevo cada mal rato. Entiendo que pierdan 2-3 pero así, casi sin rebeldía...

¡Es ‘futbólogo’!

-Me apasiona. Voy a menudo a Lezama para ver a los chavales...

Rápido, una perla que le guste.

-Yeray, al que le deseo toda la salud del mundo. Pensaba que se podía quedar cojo en cualquier partido porque entraba, y entra, con todo: como De Andrés, Goikoetxea, Guisasola... Un futbolista de ese tipo.

¿Qué fue de aquel Bilbao de las casas grises?

-En los años de posguerra se hicieron edificios que no tienen casi la cualidad de tales. Fue una mala interpretación del racionalismo que afeaba la ciudad.

Señale con el dedo.

-En las faldas del Pagasarri y en Uribarri, por ejemplo. Son edificios fuera de contexto y de escala que formaron un desaguisado inasumible en el siglo XXI, donde la sociedad no permite edificios tan desafortunados que te duran cien años y que joden a cinco o seis generaciones.

Les ganan por comparación...

-¡Todos! Pero el urbanismo del Ensanche estaba más trabajado.

Y de repente... ¡el Guggenheim!

-Fabuloso. Pero sigue habiendo edificios mejores que el Guggenheim en Bilbao.

Un ejemplo, rápido.

-El edificio de Rafael Fontán, en cuyos bajos hoy en día está el bar El Globo;La Equitativa, de Galíndez;la naviera Aznar, donde está el Ayuntamiento;el edificio de la Aurora... Hay que esperar. Habrá que ver su vejez, qué pasará con el Guggenheim dentro de ochenta años.

¿Intuyo una crítica?

-¡Qué va! Pero el Guggenheim está en un emplazamiento privilegiado porque se ve desde toda la ciudad. Ocurre lo mismo con la Torre Eiffel. Ya conocía a Gehry y sabía que cualquier cosa que construyese allí iba a ser fantástica.

¿Le sorprendió su capacidad de arrastre en la ciudad?

-Sí. Y es importante, porque una nación tiene que tener edificios de representación nacional. Ahí Euskadi está por detrás de Catalunya, nos sacan ventaja igual porque el carácter vasco es más reservado, menos ampuloso. Faltan edificios cargados de representatividad.

Salgamos de la oficina. ¿En qué invierte su ocio?

-Me gusta viajar y he viajado deasaforadamente. El viaje abre la mente pero con el paso del tiempo me he inclinado más hacia la reflexión, la cultura y el cine, que me parece que tiene mecánicas afines a la arquitectura con la selección de los planos, de los espacios. También me gusta mucho pintar. Dejé de hacerlo en mi juventud porque era exigente conmigo y desatendía los estudios.

Una vieja deuda pendiente... ¿alguna otra?

-No se me daban bien las matemáticas, peor me hubiese gustado estudiar medicina por la aplicación social tan directa que tiene.

¿Le inquieta la desigualdad social?

-Mucho, para mi ese equilibrio de oportunidades es esencial para la vida en sociedad. Lo bueno que tiene la arquitectura es que, salvo la agricultura y la pesca, todos los demás oficios requieren de una arquitectura.

El sueño de la medicina en su juventud, me decía... ¿Qué recuerdos guarda de aquellos años?

-Como los chavales de mi época: guateques, fútbol, chicas... Estudié en Pamplona, Madrid y Barcelona. De Pamplona, y sobre todo, de Barcelona, guardo recuerdos muy felices. En la misma manzana vivía Samaranch y enfrente había un local que se llamaba Metamorfosis, que estaba de moda. Allí conocí a Di Stéfano, a Moncho Monsalve y a Nicky Lauda, entre otros.

¡Al viejo Lauda!

-La Fórmula 1 me gusta mucho, aunque prefería los años en los que visitaba Montjuic, cuando el piloto tenía algo que decir. Hoy es un deporte tecnológico.

¿No cayó en las garras de la droga?

-Conocí casos muy cercanos porque entonces se vivía el boom, pero no me gustaba atontarme, quería estar bien despierto.

El joven Jesús Cañada hubiese tenido hoy las mismas oportunidades que tuvo a esa edad.

-Vivimos mejor que nuestros padres y no está claro que nuestros hijos vayan a vivir mejor que nosotros. En las capas más ambiciosas de la sociedad, tal vez sí, pero...

¿A usted le movió la ambición?

-No. Igual algún antepasado se gastó el gen de la ambición al completo y tal hubiese tenido más éxitos profesionales de haberlo sido, pero no he tenido grandes ambiciones y he sido feliz.

¿Busca la excelencia?

-¿Qué es la excelencia? Cuando compro zapatos yo busco que no me hagan daño y sean cómodos, no si son bonitos o no. En la arquitectura que predico yo hago lo mismo.

¿Qué le asombró?

-Prefiero la sorpresa al asombro. La capilla de Nuestra Señora de Ronchamp, de Le Corbusier y la Casa del Fascio, de Giuseppe Terragni, frente al lago de Como, en Italia.

¿A quien reza Jesús?

-Soy espiritual, soy ignaciano. Rezo a mis antepasados, algo curioso. Y me molesta quienes reniegan de una formación como esa solo porque está de moda ser ácrata. Le diré algo...

¡Desembuche!

-El hombre más extraordinario que conozco es José Ramón Taboada, un compañero de pupitre que se hizo jesuita.

Hábleme de sus vicios...

-Confieso que Internet me ha enviciadode curiosidad, de conocer todo lo que pasa en el mundo cuanto antes. Y el mar me apasiona. Me gusta salir a pescar aunque no puedo hacerlo con asiduidad.

¿Amor o amistad?

-El problema de la amistad es que acaba muriéndose: el amor dura para siempre, incluso más allá de la muerte. Mi mujer fue mi salvación. Si no la hubiese conocido en 1984, no estaría hoy vivo. Iba muy mal orientado y ella me enderezó. Gracias.