Colaboración

Pica bien... tus contradicciones

Por Eider Hormaetxea Llanos - Viernes, 29 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

A raíz de las diversas polémicas que últimamente han surgido en relación al tratamiento hacia las drogas y los programas preventivos, nos gustaría plantearnos alguna pregunta: ¿Es posible una sociedad donde no se consuman?;cuando hablamos de ellas, ¿pensamos también en las drogas legales como el tabaco, el alcohol o los medicamentos? Partimos de una evidencia que nadie puede cuestionar: las drogas y su consumo han existido desde hace siglos, independientemente de las modas y tipología. Nunca han desaparecido, lo cual no quiere decir que no podamos hacer nada.

A lo largo de la historia se han dado muchos ejemplos en los que las estrategias orientadas a que no se consuman, algunas basadas en el prohibicionismo, otras en la represión y otras basadas en el miedo, no han sido lo eficaces que se esperaba, desde el punto de vista de que las personas han seguido consumiendo drogas. Pongamos como ejemplo la ley seca promulgada en EE.UU. en los años 20, que no solo no redujo el consumo de alcohol sino que lo aumentó.

Fue en el boom de la heroína en los años 80 y principios de los 90 cuando surgieron numerosas asociaciones y entidades facilitando que el trabajo con adicciones se profesionalizase.

A raíz de aquello y de la preocupación social que generaban a la sociedad las muertes (tanto por sobredosis como por VIH), los problemas de marginación y delincuencia ligada a la heroína, los y las profesionales del ámbito de las adicciones se dieron cuenta de que las estrategias de prohibición y persecución no funcionaban. La gente seguía consumiendo y además no disponían de información suficiente respecto a las drogas y la forma de tomarlas.

La mayor profesionalización del trabajo con las adicciones hizo que las políticas en torno a las drogas giraran hacia la reducción de riesgos y de daños de las personas consumidoras, aceptando que estas sustancias existen y que las personas que las consumen también.

La prevención en drogodependencias está enfocada a diferentes colectivos y con diferentes objetivos:

Un programa preventivo dirigido a la infancia está basado en el trabajo con las emociones y las competencias de cada niño y niña, la presión grupal o aprender a decir que no.

Uno que esté dirigido a los y las adolescentes está basado en transmitir una información veraz, objetiva y no moralizante tanto de las drogas como de las adicciones.

Sin embargo, los programas dirigidos a personas adultas consumidoras tienen entre otros objetivos la reducción de riesgos, evitar cuantos mayores daños sean posibles a esas personas que libremente han decidido consumir. Sí, libremente, el tratamiento de las adicciones y los programas preventivos han ido evolucionando hacia una mayor priorización de la libertad, la autonomía y la elección personal, entendiendo que hay tantas formas de consumir como personas.

Esto no significa que se frivolice ante las drogas. Los y las profesionales que trabajamos con las adicciones sabemos perfectamente los estragos que una drogodependencia genera en una persona y su entorno.

No debemos olvidar que no todas las personas que consumen generan una problemática adictiva, ya que además del consumo reiterado de drogas para crear una adicción intervienen una serie de elementos como pueden ser la ausencia de una red familiar y de amistades, problemas de salud mental o episodios traumáticos. Las políticas relacionadas con las drogas y las adicciones deben estar sujetas a un equilibrio entre los programas preventivos para toda la población y los programas de reducción de daños destinados a las personas que han decidido consumir.

Pero, entonces, ¿por qué causa tanto revuelo la campaña impulsada por el ayuntamiento de Bilbao? Quizás la clave sea en que percibimos algunas sustancias como más peligrosas que otras.

Si un padre o una madre le dice a su hijo o hija antes de salir a las fiestas de un pueblo “si vas a beber cena algo antes para que no te siente mal”, nadie pensaría que están incitando a que beban. Entonces, ¿por qué no recomendar a alguien que ha decidido consumir un estimulante por vía nasal que pique bien la raya que va a esnifar? En este caso tampoco nadie le incita a drogarse.

Las drogas legales también son drogas. No olvidemos que son el tabaco y el alcohol las que más muertes y gastos sanitarios generan y que son muchas las personas que se vuelven adictas a medicamentos completamente legales.

Resulta, cuanto menos, curioso, observar cómo nos alarmamos ante un material concreto diseñado para personas que han decidido consumir drogas y, mientras, brindamos con cava deseando unas felices fiestas, nos tomamos un orfidal sin receta cuando estamos nerviosos o nerviosas o acompañamos las rabas y el mosto de nuestras hijas con un txakoli.

Los y las profesionales que trabajamos con adicciones aprendemos día a día, las políticas de adicciones y las diferentes campañas son cambiantes porque la sociedad y las drogas y hábitos de consumo también cambian. Entendemos que a veces es difícil entender estas políticas, pero no podemos mirar hacia otro lado sabiendo que las drogas existen y hay y habrá personas que deciden consumirlas.