El sacacorchos

El orden de los factores

Por Jon Mujika - Viernes, 29 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

VAYA que sí, por supuesto que el orden de los factores altera el producto, según qué se mida. Visto el terrible crimen acaecido en la trasera de la Plaza de los Tres Concejos, todo hubiese sido distinto si el hombre, ciego de arrebato, se hubiese tirado primero por la ventana. Una mujer estaría viva y la tierra sacaría la misma ventaja que ha sacado en este caso: un cabrón menos sobre su faz.

Hay amores que matan cantan algunas canciones -terrible hoy esa de Joaquín Sabina que dice algo así como “Y morirme contigo si te matas/y matarme contigo si te mueres...”- pero desconozco aún, cuando escribo, si Eneko estaba enamorado de Noelia cuando decidió bajarle de esta noria que es la vida. No creo que haya pasión, por muy intensa que sea, que empuje a un hombre a desenfundar el cuchillo y manejarlo con saña, como si quisiera servirse doscientos gramos de amor curado, de amor ahumado.

Al parecer, el tipo tenía un desarreglo mental de aupa. En su paranoia se sentía un narcoacosado por alguien que quería ajustar cuentas con él. Lástima que no hubiese salido a la calle con ese cuchillazo en pos de la yugular de su imaginario enemigo y se hubiese agotado tirando puñaladas al aire. Lástima que nadie llegase a tiempo para frenar su insana locura;lástima que aquella madre oyese, por teléfono, los pasos de la tragedia vestida para matar, acercándose, acercándose... ¡Terrible el recuerdo que queda para toda la vida!

Ayer calló el pueblo de Sestao cuando los convecinos de esta antítesis de Romeo y Julieta conocieron la noticia. Se guardó silencio en señal de duelo pero conviene que dure poco. Lo necesario es gritar, gritar a los cuatro vientos que no habrá paz para los malvados (gracias, Enrique Urbizu, por dar con la expresión justa...), que no hay ley alguna que justifique sus execrables actos, tantas y tantas veces con la mujer en el punto de mira. Porque es la más cercana, porque es la más frágil en según qué contextos;porque quizás ella, sea quien sea, no supo reconocer a tiempo que habitaba junto a un monstruo, porque se siente un sangriento sultán en el harén. O, como parece ahora, porque se le va la olla.

Habrá lágrimas, cómo no ha de haberlas. Pero hay que actuar bien pronto con firmeza. Con el vecino si sospechas, con el padre, si lo ves;con el amigo, si lo pregona y se pavonea. Seas hombre o mujer. Que sea él quien llore.