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Historia entre las manos

Ainara Arranz lleva ligada al Museo de las Encartaciones doce de los 24 años del centro
Guía talleres educativos y prácticos en los que participan más de 9.000 escolares cada curso

Elixane Castresana - Martes, 26 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

Sopuerta- Los ojos de los niños se abren como platos en cuanto divisan la maqueta instalada en la entrada. Ahí comienza su viaje al pasado. Aprenden cómo se obtenía fuego, conocen los ingenios arquitectónicos que introdujeron los romanos, se meten en la piel de los monjes medievales que preservaban el saber en las bibliotecas de los monasterios y se ponen en el lugar de los junteros que se reunían en Abellaneda. Más de 9.000 escolares desfilan todos los cursos por las salas del Museo de las Encartaciones que conoce a la perfección Ainara Arranz. Historiadora del arte y museóloga, es una de las personas que guían a los chavales en su entretenido viaje por la historia de la comarca.

Ha acompañado la trayectoria del museo a lo largo de doce años, prácticamente la mitad del tiempo transcurrido desde su fundación. Un trabajo le ha permitido profundizar en sus raíces encartadas -desciende de Sodupe- “impulsar la cultura y difundir la investigación” de un centro del saber que “está muy vivo”. Se declara apasionada de la Edad Media y la Prehistoria, pero también “del periodo más contemporáneo” que ha protagonizado destacadas exposiciones temporales como las dedicadas a los pintores de la comarca Ismael Fidalgo y Mari Dapena o la actual, sobre la Guerra Civil en Enkarterri, el último frente vasco. Quizás por este abanico tan amplio de opciones le cueste elegir una sola entre las obras que custodia el museo, aunque finalmente se decanta por “la portada de la iglesia de San Miguel de Linares, en Artzentales, que data del siglo XIII”.

En un lugar como la antigua Casa de Juntas de Abellaneda reconvertida en pinacoteca “el conocimiento no tiene límite” y se promociona desde una perspectiva “multidisciplinar”. Junto a otros dos compañeros, a ella le corresponde el apartado educativo que puede representar para los chavales su primer contacto con la historia fuera de las aulas. Las plazas ofertadas de cara al comienzo del curso en septiembre “suelen llenarse todos los años” con demanda de centros escolares de Euskadi y territorios que limitan con Enkarterri, como Burgos y Cantabria.

“Es importante que los estudiantes adquieran conocimientos y tenemos que entender cuál es nuestro público”, opina. Para ello, “hemos desarrollado estrategias para mantener su atención” a través de las actividades didácticas y desterrar así la imagen de la historia como una materia aburrida. La mencionada maqueta que les atrapa nada más entrar se actualiza “con más montes y ríos”. Con los años, se remodelaron también las estancias. Todo ello, enriquecido con los conocimientos de Ainara y sus compañeros, auténticos libros abiertos.

Lo son también de puertas afuera, porque “nos consideramos un museo dinámico que evoluciona hacia el exterior entablando una relación directa con las asociaciones y organizando actividades y exposiciones”. En su aspiración de constituirse en referente comarcal “nos dirigimos a un público variado”. En ese aspecto, resultan claves las exposiciones temporales;la actual, dedicada a los últimos compases de la Guerra Civil en Enkarterri.

A nivel personal, a Ainara Arranz le reportan una satisfacción especial los avances que se han puesto en práctica para que el Museo “sea un espacio para todos”. Así, se han implementado “pequeñas mejoras y variaciones en el material pensando en personas con capacidades múltiples y también se acercan hasta aquí asociaciones que trabajan con inmigrantes, de manera que se van diversificando los grupos”, explica cerca de la maqueta, preparada para otra visita.