málaga 3-3 athletic

Harakiri y petardazo

El desquiciado Málaga pone el triunfo en bandeja al Athletic, que malgasta una ventaja de dos goles contra diezBLOGS: Athletic Risas Club

José L. Artetxe - Domingo, 24 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

MÁLAGA: Roberto;Rosales, Luis Hernández, Baysse, Ricca (Min. 69, Juanpi);Mula (Min. 61, Juan Carlos), Recio, Kuzmanovic, Adrián;Rolan y Borja Bastón (Min. 87, Rolón).

ATHLETIC: Kepa;Lekue, Nuñez, Laporte, Balenziaga;Williams, Vesga, San José (Min. 88, Aketxe), Córdoba (Min. 70, Susaeta);Muniain y Aduriz (Min. 74, Raúl García).

Goles: 0-1: Min. 4;Aduriz, de penalti. 1-1: Min. 35;Rolan. 1-2: Min. 51;Williams. 1-3: Min. 70;Williams. 2-3: Min. 81;Baysse. 3-3: M.84;Rolan.

Árbitro: Del Cerro Grande (Comité Madrileño). Expulsó por doble amarilla a Kuzmanovic (Min. 53). Además, amonestó a los malaguistas Luis Hernández, Borja Bastón y Recio;y a los rojiblancos Laporte y Aketxe.

Incidencias: Partido correspondiente a la sexta jornada de LaLiga Santander disputado en La Rosaleda ante 28.000 espectadores.

Se insistía de antemano en lo peligrosa que para el Athletic podía resultar la visita al Málaga, por la condición de colista que arrastraba. Un temor basado en precedentes varios que desde ayer cobra naturaleza de leyenda. Esa fama de resucitador de muertos volvió a asomar crudamente en un partido que se desarrolló como un viaje en montaña rusa, algo exclusivamente imputable al Athletic, que echó por la borda dos ventajas, la segunda de dos goles y ante un rival disminuido, en inferioridad numérica, un auténtico cadáver ambulante que llegó a provocar la deserción de su entrenador, quien tras desgañitarse en la banda optó por recluirse en el banquillo, persuadido de que nada evitaría la sexta derrota consecutiva de su equipo. Ni Míchel ni nadie en su sano juicio podía esperar otro resultado cuando Williams marcó su segundo gol, el tercero del equipo, a veinte minutos de la conclusión. Sin embargo, el Athletic se superó a sí mismo para brindar en La Rosaleda una caída en picado que se tradujo en dos goles del anfitrión y un empate de sonrojo. Será difícil hallar un punto más agriado en el casillero cuando se haga el balance de la temporada.

Descorazonador es un término que define el comportamiento del equipo. Básicamente de los jugadores porque son ellos quienes con sus errores y falta de criterio dejan escapar una victoria que tenían amarrada, no tanto por su buen hacer sino porque tuvieron la oportunidad de hurgar en las miserias de un enemigo que le entregó su cabeza en bandeja de plata a través de un penalti estúpido en el mismo arranque del choque, una expulsión más estúpida recién encajado el segundo gol y un regalo incalificable de la zaga que propició el tercero.

El Málaga trató siempre de subsanar su desesperación con entrega, pero la presión que sufre le llevó a hacerse el harakiri ante su fiel afición. Era un colectivo desquiciado, su estado de ánimo constituía una amable invitación para que alguien le diese la puntilla. Ese alguien no fue el Athletic, cuya actuación estuvo presidida por el desgobierno. Lo tuvo todo a su favor para ganar, pero no supo, dejando un poso lamentable. Fue un partido enloquecido, del que apenas cabe rescatar los veinte primeros minutos y la fase posterior a la roja de Kuzmanovic, un cuarto de hora, no más. El resto del tiempo discurrió siempre amenazante para sus intereses. Hasta en el tiempo añadido tuvo Arrizabalaga que evitar un gol que hubiese sido puro escarnio. En ese crucial instante Laporte añadió una cesión para poner los pelos de punta a la colección de decisiones erróneas que ofreció el colectivo.

ERRORES Y AUSENCIASPreviamente, la pasividad o la tontera de Lekue, San José, implicados directos en los goles andaluces, extensiva a la mayoría de sus compañeros, con la salvedad del portero, tampoco muy feliz en dos de los goles, y Córdoba, el único que se equivocó muy poco y en zonas no comprometidas, habían dibujado un panorama desolador. Los errores graves se localizaron asimismo en el área contraria, al malgastar ocasiones inmejorables, de oro, como una de Williams con 2-3 en el minuto 82, con Susaeta absolutamente solo aguardando para empujar a puerta vacía, y otra de Vesga, antes del 1-1, cabeceando a placer a las manos de un Roberto vendido. Es que no faltó de nada en el capítulo de los fallos. Los hubo a patadas, pero lo que realmente causa preocupación es la fragilidad del bloque, sus limitaciones para leer el encuentro y trabajar en consecuencia.

Las ausencias de las piezas que deben dotar al juego de criterio y de relieve a las acciones ofensivas, no fueron de recibo. Ni siquiera se salva Williams, pese al doblete. La zona ancha se convirtió en un páramo en amplios tramos del choque y cuesta dar con un atenuante porque el Málaga se movía a impulsos del corazón, su inoperancia era palmaria. El repaso de los fracasos sería interminable, pero lo de ambos laterales fue para hacérselo mirar. Muniain sí intervino con inteligencia en lances concretos, participó en los tres goles, lo cual ya supone una aportación distinguida, pero fue otro de los que de repente no estaba en ninguna parte y la fragilidad del Málaga en la contención pedía a gritos exprimir las posesiones. Cuatro pases trazados con un mínimo de precisión equivalían a jugada de gol o casi, pero cuántos ratos se consumieron a merced del voluntarioso empuje del anfitrión, dándole una esperanza que tal como marchó el marcador jamás se le debió conceder.

Los vaivenes en el funcionamiento del Athletic se entienden mal y se digieren peor. El petardazo de ayer es material más que suficiente para que Ziganda empiece a adoptar ciertas medidas en la confección de las próximas alineaciones. Al entrenador se le puede decir que no basta con la puesta en escena, ayer de nuevo correcta, porque el déficit de consistencia que se detecta según avanza el cronómetro y que hasta la fecha podía estar parcialmente vinculado a la ausencia de gol, esta vez con ventaja desde el cuarto minuto, retrata a algunos de sus hombres. Su tardanza en mover el banquillo se sostiene por el hecho de que explotando las calamidades malacitanas el Athletic ganaba desde el 51 y desde el 53 contra diez, pero a la vista de lo que vino luego es legítimo afirmar que es demasiado condescendiente. De acuerdo en que quienes están sobre la hierba merecen el mayor reproche, por su manifiesta incapacidad para cerrar un duelo de lo más asequible, pero hay suspensos que son reiterativos y es competencia de Ziganda valorarlo, además de enmendarlo. Ayer, con los recursos que tenía en la banda.

El empate es inamovible, se tardará en olvidar la imagen proyectada, el nuevo proyecto tocó fondo en La Rosaleda, pero esto sigue. Hasta la fecha el tono discreto se había salpicado de avances en aspectos concretos, además de que en general los marcadores contribuían a rebajar el tono de las conclusiones. El último espectáculo es un punto de inflexión. Debe serlo.

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