Colección de deterioros

El Athletic suma cuatro partidos sin vencer, un dato revelador

Pako Ruiz - Domingo, 24 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h.

Como para hacérselo mirar. Es la sensación que probablemente martilleó al vestuario rojiblanco y al mismo entorno athleticzale, incrédulo y enfadado por lo que sucedió en los últimos diez minutos en La Rosaleda, cuando una colección de deterioros penalizó al Athletic, que extravió dos puntos que hacen mucho daño por la forma en que se produjo el empate y por la imagen que ofreció el colectivo, que continúa sin dar el nivel futbolístico esperado y que se dejó robar la cartera por el hasta ayer colista en superioridad numérica durante cuarenta minutos y después de mandar por 1-3 en el marcador. Un fiasco que reclama un debate sereno y, sobre todo, una autocrítica por parte de los jugadores y por el jefe, que tampoco tuvo su día en las decisiones que tomó.

José Ángel Ziganda se acostó ayer lastimado. En la previa insistió que los partidos se deciden por muchos matices, que en ocasiones emergen desatados, pero a los que hay que poner un antídoto. Esos detalles, esos imprevistos, retrataron al Athletic y al propio entrenador, que sufre en su undécimo encuentro el mayor batacazo al frente de los leones, conscientes de que la incapacidad de amarrar la victoria fue culpa suya, fruto de errores evitables, de una falta de concentración a la que aludieron jugadores como Iñaki Williams, o un mal entendido relax, que mencionó Iker Muniain, que vio cómo su excelente trabajo se quedó en agua de borrajas.

El Athletic, se mire por donde se mire, padece el pico más bajo de lo que va recorrido de curso, pese a que Ziganda subrayara 24 horas antes del choque en Málaga que aún es pronto para “evaluar cualquier racha o para examinar a un equipo”. Los datos y las percepciones que genera no son los positivas que se quisiera en el conjunto rojiblanco, que encadena cuatro duelos consecutivos sin conocer la derrota, tres en liga y uno en Europa League, y, por si la herida no supurara lo suficiente, ya no sirve ni escudarse en la solvencia defensiva, de la que tanto presumía hasta hace muy poco.

sangría defensivaEl Athletic ha pasado de no encajar gol alguno en las tres jornadas iniciales a recibir seis en las tres recientes, dos tantos por partido, un cambio de registro que acentúa los males y que deja marcados a algunos protagonistas, principalmente a Iñigo Lekue, que vivió toda una pesadilla en un lateral derecho en el que no ofrece blindaje alguno y que revive la añoranza de los ausentes. No obstante, el bilbaino no fue el único señalado, porque también salieron malparados algunos compañeros de zaga y el técnico, que quizá no manejó acertadamente las sustituciones, que se juzgan en clave negativa cuando se firman fiascos como el de ayer tarde.

Ziganda, que en esta ocasión efectuó solo tres cambios en el once respecto a los ocho que llevó a cabo ante la Unión Deportiva Las Palmas, se suele pensar mucho sus movimientos, que nunca los ejecuta antes de la hora de partido, salvo el obligado ante el Getafe por la lesión de Óscar de Marcos, cuyo regreso podría estar cercano. Ayer fue fiel a su forma de actuar. No tiró de banquillo hasta segundos antes de que Iñaki Williams, que ha tenido que esperar diez partidos para ver puerta, hiciera el 1-3, que parecía definitivo. Quiso asegurar con las comparecencias de Susaeta y Raúl García, muy flojos en sus minutos, pero pudo equivocarse al no inclinarse por tener más posesión y dar entrada a algunos de sus peloteros, como Beñat, Iturraspe o Aketxe, que apareció como un recurso a la desesperada tras el empate malacitano. El Athletic, sin más, se hizo el harakiri. Y el jueves, toca Europa.