Mesa de Redacción

Quiero ser Auster

Por J. C. Ibarra - Miércoles, 13 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

Diógenes solo necesitaba para vivir un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco. Liberado de sus deseos y reducidas al mínimo sus necesidades, el sabio de Sinope podía centrarse en lo suyo: filosofar. Más que lo que tiene, es lo que se permite no tener lo que define la riqueza de una persona. Hace unos días leía unas declaraciones del escritor estadounidense Paul Auster: “No tengo un móvil y no tengo tampoco un ordenador, simplemente no los quiero. Yo era feliz antes. No los necesito”. Detrás de esa afirmación se adivina la abundancia económica e intelectual. Hay muchos inquilinos de la Lista Forbes que no podrían vivir fuera de esas dos prisiones: el móvil y el ordenador. Si carecieran de esos dos instrumentos, sus imperios se vendrían abajo: uno no puede intentar ser multimillonario y permanecer siquiera un minuto de espaldas al mundo que le rodea;y no tener móvil y ordenador es darle un tiempo precioso a la ausencia, un tiempo que solo se puede permitir una persona verdaderamente rica: Paul Auster. Algunos intentamos en su día ser ricos;cuando nacieron las computadoras, nos aferramos a nuestra máquina de escribir, y cuando nos impactó la telefonía móvil, juramos que nunca caeríamos en la dictadura de aquellos aparatitos. Pero no éramos los suficientemente ricos, ni en lo económico ni en lo intelectual. Y nos convertimos en galeotes digitales. Nos seguirán muchos: si preguntas a un niño qué quiere ser de mayor, casi ninguno dirá que quiere ser Auster.