prioridad defensiva

Empezar por los cimientos

El balance defensivo del Athletic, que no ha recibido gol en cinco de sus siete partidos, deja clara la prioridad sobre la que trabaja Ziganda para ir dando forma a su proyecto

José L. Artetxe - Martes, 12 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

Bilbao- Sólidos, compactos, trabajo, compromiso, gran actitud... Es la terminología que encabezó el repaso que hizo José Ángel Ziganda del comportamiento ofrecido ante el Girona. También reconoció que no le agradó tanto lo realizado por sus hombres con el balón en los pies, pero si en anteriores ocasiones incidió más en este aspecto, el domingo prefirió quedarse con la parte positiva de una actuación que sirvió para sumar con cierta holgura otra victoria. Después de siete partidos oficiales con el nuevo entrenador, el Athletic continúa sin conocer la derrota y en la liga, celebradas tres jornadas, figura como el único equipo que no ha recibido gol alguno, junto al Barcelona.

Poco a poco va tomando forma el proyecto de Ziganda, quien siguiendo las reglas del sentido común ha optado por comenzar su obra por los cimientos.

Traducido al lenguaje futbolístico, el primer objetivo que se ha marcado el técnico es elevar la “calidad defensiva” del conjunto. Hay que reconocer que se trata de la parte más sencilla de la tarea de un entrenador, pero no es menos cierto que existía un margen de mejora. Las últimas tres actuaciones son una muestra fehaciente de ello. El número de situaciones de peligro real en área propia registradas ante Panathinaikos, Eibar y Girona ha sido muy bajo. Son 270 minutos consecutivos sin encajar, que se suman a otros 90 de la cita previa con el Getafe y 90 más de la visita del Dínamo Bucarest a Bilbao.

El compromiso más reciente ejemplifica la progresión en esta faceta. El rival tuvo más posesión, pisó bastante terreno del Athletic y probó suerte con asiduidad. Sin embargo, Herrerín nunca tuvo que emplearse al límite, la mayoría de los tiros fueron de larga distancia y en la serie de centros colgados sobre su área tanto de falta como de córner no hubo un solo remate del Girona, que se caracteriza por exprimir a fondo la estrategia ofensiva. Ziganda ordenó un repliegue táctico para neutralizar el plan del rival y sus jugadores se aplicaron sin reservas en el balón parado. No hubo presión alta, recurso que se ha utilizado con anterioridad, y las concesiones brillaron por su ausencia en las acciones que exigen máxima concentración y contundencia.

El balance defensivo empieza a ser muy rentable, la elocuencia de las estadísticas no admite discusión. Afianzar al equipo en su parte de atrás, en todas aquellas labores que se realizan sin balón, es la preocupación más inmediata y empieza a percibirse en la competición el fruto de las horas que se meten en Lezama. No es de extrañar que el responsable se congratule al comprobar que sus directrices cunden porque significa que los futbolistas asimilan conceptos que en algunos casos son novedad respecto a la etapa de Ernesto Valverde.

Donde no se aprecia un avance es en la otra parte del trabajo, esto es, en la creación. El Athletic podría alardear de su pegada, no en vano sin llegar mucho a posiciones de remate logra marcar, lo cual merece ser valorado, pero es innegable que el bloque luce poco en el manejo. La elaboración ya no es que carezca de brillo, sino que adolece de falta de fluidez, no hay soltura, atrevimiento, decisión, criterio en la distribución. El despliegue suele ser previsible, torpes las maniobras para darle salida a la pelota desde terreno propio, el equipo no impone su ley o manda desde la posesión, la zona ancha le viene ancha, nunca mejor dicho, y en definitiva en el plano ofensivo funciona básicamente a impulsos, su forma de expresarse cuando pretende cargar con la iniciativa es deficiente, poco atractiva.

MALOS HÁBITOSLa explicación es sencilla. Ocurre por un lado que, como se ha subrayado, Ziganda está prestando especial atención a asentar al equipo en la contención, es el primer paso. Además, generar es más complejo que destruir y no cabe obviar que el Athletic se había acostumbrado en los dos últimos cursos a simplificar su juego con balón. Cambiar el chip del jugador, convencerle de que está dotado para desplegar recursos que implican asumir mayor responsabilidad y ser más preciso en las maniobras, lleva su tiempo.

Pero es la aspiración de Ziganda. Lo dejó claro al tomar posesión del cargo y ha reiterado su intención, aunque haya sido a través de la autocrítica. Transmitir sensaciones sugerentes al aficionado, actuar con valentía, ser protagonista, salir a gobernar los partidos. Es el catecismo del navarro, pero todavía esa versión apenas ha asomado. El Athletic que impone un ritmo alto y percute sin complejos en las estructuras enemigas porque el balón no le quema y la transición no se le atraganta es de momento un anhelo, una promesa que debería ir tomando cuerpo en próximos choques.

El equipo dispone ya de unos resultados con que alimentar su autoestima, aparte de que en épocas no muy lejanas ha jugado bien al fútbol, simplemente había aparcado ese estilo más estimulante y agradecido para el espectador. La consigna del entrenador parece que ha calado y desplazado al conformismo que presidía el discurso del vestuario la temporada precedente. Así se entiende al escuchar el domingo a Iago Herrerín afirmar que el buen juego vendrá.