Athletic 2 - Girona 0

Cuartos... y hacia arriba

El Athletic se hace fuerte atrás, muestra un repertorio muy plano con balón e intercala un par de directos al mentón con la firma de Williams, para tumbar a un animoso Girona.
ATHLETIC RISAS CLUB: Mucha pegada
ATHLETIC BIHOTZEZ: Unai Núñez también convence

José L. Artetxe - Lunes, 11 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

ATHLETIC: Herrerín;Lekue, Núñez, Laporte, Balenziaga;San José, Beñat (Min. 77, Aketxe);Williams, Raúl García, Muniain;y Aduriz (Min. 64, Iturraspe).

GIRONA: Iraizoz;Maffeo (Min. 66, Mojica), Alcalá, Bernardo, Muniesa, Aday;Pere Pons, Granell (Min. 72, Douglas Luiz);Portu (Min. 64, Kayode), Stuani y Borja García.

Goles: 1-0: Min. 25;Muniain. 2-0: Min. 54;Aduriz.

Árbitro: Trujillo Suárez (Comité Tinerfeño). Mostró tarjeta amarilla a Beñat (Min. 21), Raúl García (Min. 64), San José (Min. 68) y Laporte (Min. 91), por el Athletic, y a Alcalá (Min. 24), Granell (Min. 27), Bernardo (Min. 40), Aday (Min. 56), Douglas Luiz (Min. 80) y Stuani (Min. 87), del Girona.

Incidencias: 39.952 espectadores en San Mamés, entre ellos unos 600 seguidores del equipo catalán. El pelotari Oinatz Bengoetxea realizó el saque de honor. Antes de comenzar el partido el capitán del Girona realizó la tradicional ofrenda floral en el busto de Pichichi por la primera visita a San Mamés en partido oficial.

bILBAO- En una crónica boxística el duelo se despacharía con una reseña simple que diría algo así como que el cuadrilátero de San Mamés reunió a dos púgiles de distintas categorías y se impuso la lógica: el peso pesado venció al medio gracias a su superior pegada. El espectáculo brilló por su ausencia en la desigual pelea, todo discurrió anodino y, sencillamente, la envergadura, los kilos, dictaron sentencia. La esgrima, los bonitos movimientos, la serie de amagos que animosamente propuso el más pequeño durante buena parte de los asaltos de nada sirvieron, se revelaron inútiles ante la contundencia de los contadísimo puñetazos que soltó el favorito. Buena parte de los asistentes se pasó la tarde, cierto que era la hora de la siesta, realizando auténticos esfuerzos para combatir el sopor, pero a la postre el único que terminó noqueado fue el Girona, que después de encadenar dos buenos resultados en casa conoció, en la que era su primera salida, la cruda realidad que preside la élite.

Dos guantazos le bastaron al Athletic para liquidar el partido. Dos pases de Williams que Muniain y Aduriz empalmaron ante las narices de un Iraizoz saludado con cariño en su regreso. Y el castigo pudo ser mayor si la madera no se interpone en un remate de Sabin tras nueva intervención de Williams con el cronómetro casi agotado. Hubiera sido excesivo, pero así es la ley del más fuerte, que no solo se manifestó en esa extraordinaria capacidad para exprimir sus oportunidades. Tampoco cabe obviar que el conjunto de José Ángel Ziganda se retiró a la ducha sin un rasguño en el rostro. La posesión en terreno rival y, por momentos, el notable juego combinativo que como seña de identidad desarrolló el Girona desde el pitido inicial no cristalizaron en peligro para Herrerín, quien tuvo que intervenir con cierta frecuencia, si bien nunca se vio realmente exigido.

La sensación de solidez fue quizá lo más reseñable como colectivo de un Athletic que continúa sin recibir gol después de tres jornadas de campeonato. El dato es significativo, al igual que el acopio de puntos, mientras se sigue a la espera de que los jugadores se suelten y aparquen una versión de sí mismos cuya vulgaridad recuerda demasiado a tantos encuentros de la pasada campaña. Por ahora, el balón no figura como un aliado en la propuesta de Ziganda. El escaso y mal uso que se hace del mismo indica un déficit de confianza que no se puede justificar aludiendo al potencial o los argumentos del contrario. Si el Girona toca y toca es porque enfrente se renuncia a ello. Prefiere el Athletic armarse, desgastar al oponente e intentar sorprenderle esporádicamente tirando de velocidad y del saber estar de su ariete.

La fórmula resultó eficaz ayer, como ya sucediera en Ipurua, pero cuesta creer que su bondad se prolongue si su aplicación es a costa de rebajar la creatividad a niveles tan pobres, impropios de un aspirante a codearse en la parte alta de la clasificación. El sentido práctico con que el Athletic está afrontando sus compromisos puede aceptarse en estos albores del calendario y siempre que el marcador sonría, pero se antoja poco recomendable si se asienta como tendencia. Se supone que el técnico y los futbolistas son conscientes de que necesitarán diversificar y enriquecer su quehacer para ofrecer una talla acorde al potencial que se les adjudica como plantilla. No es únicamente un problema de imagen, jugar bien es una aspiración que trasciende la estética, lo saben y no deberían demorarse, cuanto antes le cojan el gusto a la posesión, mejor les irá.

Ziganda introdujo cinco variaciones respecto a la última actuación, forzosa la de la portería, y la respuesta dejó tibio al personal. El Girona se quedó con la pelota y los minutos fueron corriendo sin que el Athletic se decidiese a gobernar el choque. Una tónica de riesgo sabiendo cómo se las gastan los catalanes en la estrategia, pero sobre todo porque nunca se apreció voluntad por llevar la iniciativa. El gol fue fruto de una acción aislada, Williams tuvo tiempo para levantar la cabeza y a su centro acudió raudo Muniain para desvelar las carencias defensivas del rival. Luego, Balenziaga se trompicó en el área a servicio de Muniain y nada más.

GOL ILUSTRATIVOAl descanso, solo la ventaja compensaba el ejercicio de resistencia, facilitado asimismo por la modestia del Girona, alegre en la zona ancha y romo arriba, en ambas áreas cabría añadir. Disparos lejanos, un surtido de faltas colgadas bien resueltas por la zaga rojiblanca y una fe que dejó de ser inquebrantable cuando cerca de la hora Herrerín sacó larguísimo, los defensas catalanes dudaron y surgió veloz Williams para ponérsela en bandeja a Aduriz, un seguro de vida. Imposible una jugada más vertical. Y más elemental.

El Athletic amarraba la victoria con esa autoridad que hace parecer injusto el fútbol, aunque no lo sea tanto. Nadie tiene la culpa de que el catálogo del recién ascendido no dé más de sí o que los equipos con una trayectoria consolidada en Primera a menudo se permitan el lujo de triunfar con un rendimiento apañadito sin más. La media hora final, con el Girona visiblemente desgastado, dio para diversas aproximaciones, todas mal solucionadas independientemente del área en que se registrasen, el chut al poste de Sabin, que hubiese agradecido horrores estrenar su cuenta, el estreno de Iturraspe en competición, conceder un respiro a Aduriz y poco más.

La báscula no miente. Ayer en San Mamés salió ganador el más poderoso, el púgil que menos bailó sobre el ring, pero que cuando saca a pasear sus puños hace daño de verdad. El Girona lo puede atestiguar.