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El ‘príncipe llorón’ de Dinamarca

No quiere ser enterrado con la reina si ella no le nombra rey consorte

Un reportaje de Anxo Lamela - Sábado, 12 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

EL anuncio del príncipe Enrique de no querer ser enterrado junto a su esposa, la reina Margarita II, y sus ataques a la monarca por ignorar su petición de recibir el título de rey han situado a la Casa Real danesa en el centro de la polémica. La reclamación de Enrique, apelando a la igualdad de género, no es nueva pero hasta ahora no había alcanzado tal grado de virulencia y derivado en una decisión tan drástica como la de romper con la tradición secular de que los restos de los monarcas daneses y sus cónyuges descansen en la catedral de Roskilde.

La controversia se originó la semana pasada, cuando la portavoz de la Casa Real confirmó la decisión de Enrique, debido a su insatisfacción con el papel que desempeña en la familia real, y dio otro giro con los ataques difundidos hace dos días por el príncipe en una entrevista a la revista Se og Hør. Desde su retiro en su castillo al sur de Francia, antes de que llegara Margarita para participar en el retiro estival, Enrique habló de “falta de respeto” y de “burlas” de su esposa, que lo hace pasar por “tonto”, a la vez que reiteraba su amor mutuo y rechazaba cualquier posibilidad de divorcio. “Si quiere que me entierren con ella, debe hacerme rey consorte. Punto. Me da igual”, dijo Enrique, quien recordó a Margarita II que “debe saber que si un hombre y una mujer están casados, son iguales”, por lo que deberían tener el mismo título.

La Casa Real no ha reaccionado de forma oficial a los ataques, aunque sí se pronunció su hijo mayor, el heredero Federico, quien lamentó la decisión del príncipe, de 83 años. “Solo quiero decir que estoy muy triste por la decisión de mi padre. Más no se puede decir sobre este caso ahora mismo”, indicó Federico en un acto público celebrado el jueves en el puerto de Aarhus, al oeste de Dinamarca.

relegado Enrique, un noble francés que conoció a Margarita cuando era diplomático en Londres y con quien se casó la actual reina en 1967, nunca se ha sentido cómodo con su rol. Quince años atrás ya puso en un aprieto a la Casa Real al retirarse a Francia después de que en la recepción de Año Nuevo, estando enferma la reina, fuera anfitrión Federico. Esto le hizo sentirse “inútil” y “relegado” y motivó que no asistiera a la boda de Guillermo y Máxima de Holanda. Los rumores de divorcio, lucha de poder o depresiones se cerraron meses después con una sesión fotográfica familiar, aunque Enrique no pudo evitar el apelativo de “príncipe llorón” de la prensa amarilla.

Enrique de Dinamarca protagonizó otro episodio polémico en 2015, cuando se ausentó de los actos del 75º aniversario de la reina alegando gripe, aunque a los pocos días se fue de vacaciones a Venecia con unos amigos. Cuando Enrique se jubiló en enero de 2016, abandonando sus obligaciones como príncipe consorte para retirarse a un segundo plano, pareció quedar enterrada la polémica, objeto de broma de los medios daneses, igual que su acento, sus excentricidades o su afición a la vinicultura y la gastronomía.

El príncipe ganó, además, cierta popularidad en ambientes poco convencionales por cosas como aparecer disfrazado de panda en una gala del Fondo Mundial para la Naturaleza, grabar un tema con un grupo de rock o pasear por la comuna de Christiania, asentamiento de corte anarquista de Copenhague donde se vende hachís. Pero la nueva polémica ha hecho renacer las críticas a su persona, su “comportamiento destructivo” que ha puesto “en jaque” a la Casa Real, según el periódico liberal Berlingske, mientras que Politiken, principal diario del país, le caricaturiza, como en la película, de King Kong subido a un rascacielos.