CRÍTICO GASTRONÓMICO y cronista

Luto en la gastronomía vasca por Juan José Lapitz

Caius Apicius - Lunes, 17 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h.

MADRID- Tenía cara de buena persona, y lo era. Recuerdo cómo chispeaban sus ojos de alegría cada vez que te sorprendía con algo, y a mí me sorprendió muchas veces. Juanjo Lapitz, fallecido el pasado martes día 11 de julio, es un auténtico hito de la literatura gastronómica vasca, equiparable al gran José María Busca-Isusi.

Lapitz (Hondarribia, 1934), un pionero del periodismo gastronómico, colaborador de diversos medios, entre ellos DEIA, remitió su última columna, que se publicó el pasado sábado a título póstumo y en la que ya anunciaba que sería “la última”.

Juanjo era, entre otras cosas, un gran conversador... y, en lo que al País Vasco, a su cocina y a su despensa se refería, una auténtica enciclopedia. Caminando junto a él por el bosque te sentías como debería sentirse un alumno de Aristóteles paseando junto al maestro.

Conocía, amaba y te hacía amar cada caserío, cada roble, casi cada piedra. Si miraba al suelo era para descubrirte unas setas que, en su calidad de micólogo y micófago, clasificaba inmediatamente.

Su pasión, además de la tierra vasca, que adoraba y conocía como pocos, era la gastronomía. Dedicó mucho tiempo a su querida FECOGA, Federación de Cofradías Gastronómicas. Pero era un entusiasta, sobre todo, de la cocina vasca.

Escribió sobre ella varios libros, que siempre se consultan con agrado. Se sabía todo lo que había que saber, y lo compartía, como hizo durante muchos años en sus columnas gastronómicas.

Hablaba de su tierra y de su cocina con tal convicción, con tanto amor, que te convencía en seguida para que lo compartieras. Era un vasco como siempre nos imaginábamos a los vascos, con esa nobleza y esa fidelidad en la amistad que caracterizaban al vasco tipo.

En su último artículo, Juanjo decía que “el mejor regalo que me ha podido hacer la gastronomía es la amistad”. Totalmente de acuerdo: supiste ganarte muchos amigos, que siempre te hemos querido.

Jamás olvidaré el día que me apadrinaste en mi ingreso como cofrade honorario en la Cofradía Vasca de Gastronomía, cuando se me concedió el premio Busca Isusi. Un momento entrañable de verdad.

Agur, querido amigo. Que tu paraíso sea lo más parecido a ese País Vasco que tanto amabas y tanto nos hiciste amar a tus amigos.