La corrupción salpica al PP

El Canal, una puerta a la corrupción, por Juan Mari Gastaca

González pena su ambición tras articular voluntades políticas, económicas y periodísticas

Viernes, 21 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:03h.

madrid- Unos días antes de irse en Semana Santa a su refugio vacacional en el lujoso ático marbellí de Alhambra Golf que tanto ha influido en su suerte judicial, y a escasos metros de su lujoso despacho en una céntrica calle mirando al Retiro madrileño, Ignacio González se lamentaba con media sonrisa forzada ante dos amigos que nadie le requiere ya sus servicios profesionales de abogado, ni siquiera de cualificado intermediario. Aquel poderoso presidente de la Comunidad de Madrid desafiante incluso con Mariano Rajoy desde su sillón de la Puerta del Sol, se sentía ahora solo, abandonado por su partido (PP), e incluso su círculo de influyentes amigos. Como si estos olieran ese frío sudor que recorrería el cuerpo de tan ambicioso político, dicharachero pero presuntuoso, durante su viaje sin esposas en el jeep de la Guardia Civil camino de los húmedos calabozos de Tres Cantos.

González (Natxo para su entorno, que fue amplio) ha caído víctima de su infinita ambición -compartida sin disimulo por su esposa y su hermano- y en la falsa creencia de una impunidad policial y judicial que creía asegurada después de tantos años de dádivas generosas disparando siempre con pólvora del dinero público. Incluso con la connivencia de esa legión de enemigos que fue despreciando dentro de su propio partido. No sería extraño que en un par de días circularan fotografías de Francisco Granados brindando desde su celda por el encarcelamiento de su antagonista acérrimo con quien compartió, a la sombra de Esperanza Aguirre, una guerra de espionaje digna de un guión de baja estofa.

Es una flagrante equivocación disociar los caminos de González y Aguirre, su descubridora. La baronesa thatcheriana, patéticamente compungida ayer tras echar balones fuera en la trama Gürtel, siempre ha conseguido que otros hicieran lo que ella deseaba, pero sin salpicarse ni preguntarles su método. Pero nada comparable con el maná del Canal de Isabel II. La tentación auténticamente irresistible, la puerta de la corrupción ciega, el interminable pero selectivo fondo de reptiles para estómagos y plumas dóciles... el camino más rápido a la cárcel.

Sin apagarse siquiera los ecos de la gestión megalómana de Alberto Ruiz Gallardón en la recuperación de esta empresa pública encargada de la gestión del ciclo integral del agua, González asume en 2003 su presidencia, que no abandonará hasta que sucede a Aguirre. Ávido, muy pronto se da cuenta del ilimitado poder económico del Canal, cuartel declarado de las influencias. No tarda en recibir visitas de políticos, lobbistas, empresarios y muchos periodistas solos o en compañía de sus directivos. Es entonces cuando González impone sus condiciones y forma su batallón de inquebrantables defensores. El auténtico germen de la caverna mediática. Las campañas publicitarias -55 millones se gastó el Canal en 10 años- y las promociones de diarios afines siempre facturaban al mismo sitio. Esperanza Aguirre nunca puso su huella.

En este contexto, es comprensible el enfado de Mauricio Casals, presidente de La Razón, y Francisco Marhuenda, director de este diario del grupo de La Sexta. Estos dos profesionales, nacidos al periodismo a la sombra de Luis María Anson, temen que la apuesta por la dignidad de Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, les desnude las vergüenzas de sus usos empresariales. En La Razón se cobra por las alabanzas y se dilapida a quien se escurre. La lista es amplia y un ejemplo ilustrativo es Manuel Cobo en su tiempo de concejal en Madrid. Pero también son agradecidos. De hecho, a Edmundo Rodríguez Sobrino, detenido como cerebro en la operación Lezo, le dieron cobijo en La Razón como consejero delegado y de directivo en Atresmedia tras dirigir una filial del Canal de Isabel II en Colombia. Mimado por González, La Razón nunca aceptó que Cifuentes metiera el bisturí en el legado latinoamericano del Canal.

fiasco de bankiaEnsalzada con tanta prebenda su figura desde este sumiso corral mediático -Jiménez Losantos, un puntal-, la ambición de González quería más. Es cuando convence a Aguirre para que le proponga ante Rajoy como presidente de Bankia. Pincha en hueso por quien le propone y por el conocimiento que en Moncloa se tenía de los primeros desmanes en el Canal. Paradójicamente, Rajoy tampoco acertó con la otra opción, que era Rodrigo Rato.

Pero el presidente de la Comunidad de Madrid no olvidará este sonoro rechazo. Una desconsideración que subió de tono cuando Cifuentes fue designada para sucederle tras los primeros ecos de su escandalosa compra del resort de Marbella, puerilmente explicada. Para entonces, González ya había ideado la organización criminal que le imputa el juez Velasco: pagar por la compra de una empresa diez veces más que su valor real para así repartirse la diferencia entre intermediarios y su bolsillo. Cifuentes siempre lo intuyó y, cuando vio las cuentas de la Comunidad, corrió rápida a contárselo al juez. Mientras, en muchas tertulias de Madrid nadie llora por aquel González que tanto idolatraron.