La mayoría en pisos

Cerca de un millar de mujeres ejerce la prostitución en Bizkaia

El cierre de muchos clubes de alterne ha trasladado la actividad a pisos y habitaciones alquiladas

Ane Araluzea - Domingo, 19 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:03h.

BILBAO. Varios casos de tráfico de personas con fines de explotación sexual en Bizkaia han vuelto poner el foco de atención en la prostitución en los últimos meses. Sin embargo, la confusión de ambos términos -la trata de blancas es un delito en el que no cabe el debate- ha descontextualizado una realidad milenaria que actualmente pervive en nuestras calles en una situación alegal. A petición de Goazen Bilbao, el pleno del Ayuntamiento bilbaino del pasado enero evidenció las posturas contrapuestas de los diferentes partidos para abordar la prostitución, mostrando que los razonamientos abolicionistas planteados en la propuesta son irreconciliables con las de aquellos partidos que abogan por la legalización, como EH Bildu. Mientras tanto, ajenas a la polémica, entre 750 y 850 mujeres ofrecen servicios sexuales en Bizkaia, donde su situación de vulnerabilidad ha aumentado al haber trasladado gran parte de la actividad a los pisos.

Nadie conoce mejor la realidad de estas mujeres que Marian Arias, coordinadora de Askabide, asociación que lleva tres décadas trabajando para atender sus necesidades en Bilbao. “Como entidad no nos posicionamos. Las legislaciones que se están llevando a cabo en Europa, tanto para legalizar su situación como para penalizarla, no han mejorado la situación de las prostitutas”, asevera, constatando la complejidad de un problema que evoluciona con la sociedad. “Hace 20 años había un barrio chino en Bilbao, donde se concentraban todos los que trabajaban en la prostitución. Ahora ocurre lo contrario, hay mucha dispersión: hay clubes, dentro y fuera de la ciudad, pisos...”, relata la psicóloga.

También ha variado el perfil de las mujeres: casi un 90% de las prostitutas son inmigrantes, muchas de ellas, además, están en situación de irregularidad administrativa, lo que conlleva dificultades para interponer denuncias o acceder a recursos sociales. “La mayoría son latinoamericanas, brasileñas y colombianas, que trabajan cada vez más en pisos. Ese es el perfil mayoritario. Sin embargo, a nivel social todos señalan a las nigerianas, que pueden ser unas 15 o 25. Es residual el número de personas que trabajan en la calle”, explica Arias, quien añade que el número de hombres también es mínimo, al situarse en un 4 o 5%. Paralelamente, ha desaparecido “la figura del chulo macarra”, lo que hay son “redes de mafiosos que tienen que ver con la delincuencia o figuras afectivas que viven a costa de las mujeres que ejercen la prostitución”.

La mayoría, en pisos

“Tengo 30 años pero aparento menos”, afirma al otro lado del teléfono Rebeca, con la naturalidad de quien lo garantiza cada día. Ella es una de las cientos de mujeres que ofrecen sus servicios en las páginas de contacto. Aunque es colombiana, llegó a Bilbao hace dos meses procedente de Galicia, donde residía desde hace 17 años. “Trabajo solita en una habitación que tengo alquilada a una chica que no se dedica a esto pero que necesita el dinero para pagar el piso”, explica la joven, quien incide en su libertad: “No trabajo para nadie, mando en mi cuerpo y en mi anuncio”. Ayudante de cocina de formación, hace apenas un año que trabaja en la prostitución, debido a la imposibilidad de hallar nada de lo suyo y la obligación de mandar dinero a su madre -“es lo primordial”- que vive en Colombia. “Gracias a dios”, nunca ha vivido ninguna situación de violencia mientras trabajaba, aunque apunta que solo ejerce hasta las 22.00 horas. “Es una forma de evitar que ocurran ciertas cosas...”, matiza.

“Hubo un momento en el que los clubes acogían 20 o 30 chicas, ahora hay muy pocas, mientras que los pisos están en auge”, revela Marian Arias, quien expone que en dichos pisos antes había una mami, encargada de “poner los anuncios, recibir a los clientes, controlar la higiene...”. Esa figura también está desapareciendo. “Cada vez se alquilan más habitaciones y las mujeres trabajan como freelance. Es algo que posibilita Internet. Hay portales de todo, incluso para que los clientes compartan sus hazañas...”, cuenta la coordinadora. “En estos pisos puede haber tres o cuatro habitaciones sin que las mujeres se conozcan entre sí, lo que crea una vulnerabilidad impresionante”, señala.

En ese sentido, Arias explica que ofrecen herramientas de autoprotección a las mujeres, como aplicaciones móviles. “Hay algunas que si pulsas un botón de emergencia contacta con el 112. En otras, si pulsas un botón se escucha un grito que dice ‘¡Fuego, fuego!’, sirve para disuadir”, explica esta psicóloga. También se les recomienda que de cara al cliente simulen que hay alguien más en el piso o, si van a hacer un servicio a domicilio, que manden la ubicación por GPS a una compañera. Otros consejos, como no portar mucho dinero encima ni llevar cadenas, son más básicos pero no menos necesarios.

Con todo, las más vulnerables son aquellas que ejercen en la calle o las mujeres transexuales. “Todas, en algún momento de su vida, ejerciendo la prostitución, han sufrido situaciones de violencia. Asumen como gajes del oficio situaciones que otras mujeres jamás consentirían”, revela Arias, quien considera imprescindible un cambio legislativo ya que esas agresiones que se producen con el cliente no son violencia de género, porque no hay una relación de pareja. “Demandamos que se le llame de alguna forma, aunque sea violencia en el ámbito de la prostitución. Hay que visibilizar esta situación y necesitamos medidas de protección”.