Derrota Asumible

El Athletic despliega un enorme esfuerzo que no le alcanza para siquiera puntuar ante un Real Madrid que trabajó a destajo, vivió de Benzema y una vez más sentenció a balón parado

José Luis Artetxe - Domingo, 19 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:04h.

ATHLETIC: Kepa;De Marcos, Yeray, Laporte, Balenziaga;Iturraspe, Beñat (Min. 79, Mikel Rico, m.79);Williams, Raúl García (Min. 86, Susaeta), Lekue (Min. 60, Muniain);y Aduriz.

REAL MADRID: Keylor Navas;Carvajal, Sergio Ramos, Nacho, Marcelo;Casemiro, Kroos, Modric (Min. 62, Lucas Vázquez);Bale, Cristiano Ronaldo (Min. 79, Isco) y Benzema (Min. 86, Morata).

Goles: 0-1: Min. 25;Benzema. 1-1: Min. 65;Aduriz. 1-2: Min. 68;Casemiro.

Árbitro: Jaime Latre (Comité Aragonés). Mostró tarjeta amarilla al local Aduriz (min. 28), y a los visitantes Carvajal (min. 28), Casemiro (min. 31), Kroos (min. 70) y Keylor Navas (min. 92).

Incidencias: Partido correspondiente a la 28ª jornada de LaLiga Santander, disputado en un San Mamés prácticamente lleno ante 49.095 espectadores, según datos de LaLiga. Medio millar de ellos aficionados del Madrid. La mejor entrada de la temporada en La Catedral.

BILBAO- San Mamés, a rebosar, se quedó con las ganas. Como indica el marcador, anduvo el Athletic cerca de los puntos en juego, acariciándolos por momentos, al menos uno, pero el triunfo del Madrid no se fraguó en su contrastada pegada a balón parado, aunque así estableciese la diferencia justo en la acción que siguió al empate de Aduriz. Lo que en verdad decantó el clásico fue la calidad, ese intangible que distingue a los más grandes y que en ocasiones como la de ayer basta para invalidar el cúmulo de méritos del rival. Ofreció el Athletic una actuación a la altura del reto, pero en última instancia la ausencia de pericia en los metros decisivos penalizó su encomiable esfuerzo. En apariencia, el Madrid fue capaz de ganar haciendo menos, aunque un análisis pormenorizado del choque dice que, aparte de su indiscutible solidez como bloque, cuando metió una velocidad más a sus evoluciones hizo muchísimo daño y dejó bien sentada su jerarquía.

En citas de este calado se insiste en que solo una concatenación de factores puede alterar el pronóstico. Es así, no solo se precisa una versión gris del líder, que repercuta en su pegada, también el oponente ha de mostrarse acertado arriba a fin de rentabilizar su empuje. Y aquí es donde se echó de menos más dosis de pólvora. Ni Aduriz ni Raúl García, cómplices en la acción del gol, se dejaron ver como hubiese necesitado el conjunto. Sin su aportación, las opciones de éxito se reducen drásticamente. El trabajo colectivo, digno en ambos períodos, independientemente de cuál fuese el resultado, debe culminar en esta pareja, que ayer no estuvo entonada. En el déficit de puntería influyó también la escasa precisión de los centros desde las bandas, un problema que no es nuevo y que aligeró la tarea de los centrales blancos. Intentos hubo, suficientes en número, pero fueron contados los susceptibles de ser aprovechados.

En líneas generales se asistió a una contienda equilibrada. El balón estuvo mucho más tiempo en terreno visitante, lo que certifica a quién correspondió la iniciativa. El Athletic presionó muy arriba y distribuyó el juego de manera aseada. Yeray y Laporte hallaron en Iturraspe el elemento clave para dotar de sentido a las posesiones, pero solo él garantiza celeridad en las asociaciones;a los demás, y ayer en concreto a Beñat, les cuesta conectar con el compañero con la vivacidad requerida para descolocar las líneas enemigas. Es un poco lo mismo que ocurre más adelante, donde la potencia de Williams, bien secundado por un generoso De Marcos, se manifiesta como el único recurso rompedor. Apuntar que Lekue, por el costado opuesto, también se mostró incisivo al comienzo, pero se apagó demasiado pronto.

Con paciencia e intensidad, el Athletic trató de encajonar al Madrid, obligándole a recular más de lo que le gusta, pero nadie logró desconectar a Benzema, el hombre del partido, autor del primer gol y el engranaje que posibilitó los despliegues merengues, una amenaza latente que generaba inquietud a cada rato. El galo, indetectable para los rojiblancos, propició alternancias y estuvo en casi todas las aproximaciones a Arrizabalaga. Impidió que el Athletic ejerciese un control definitivo y pudiese estar tranquilo, porque desde luego ni Cristiano ni Bale, tampoco el descarado Marcelo, dieron la talla.

Lekue alcanzó la línea de fondo en el minuto inicial, una declaración de intenciones que se sustanció en dos o tres situaciones profundas antes de que Cristiano replicase obligando a Arrizabalaga a efectuar su única intervención comprometida. El intercambio de golpes resultaba espectacular, pero ya se sabe que este escenario siempre favorece al poderoso y así, Benzema, que había ganado la espalda a la zaga, cruzó sin oposición un servicio franco de Cristiano. Tres toques desarbolaron al anfitrión, que llevaba unos minutos sin coger el hilo. Para entonces, Casemiro dejaba su huella con la connivencia del árbitro, quien con 0-1 zanjaba una tángana al estilo Salomón y perdonaba a Ramos y, de nuevo, al brasileño. Los acontecimientos no evitaron que el Athletic se rehiciese, pero nadie volvió a visitar a Navas antes del descanso.

ALEGRÍA EFÍMERA

El segundo tiempo auguraba emoción, el conjunto de Valverde permanecía puesto, con sus opciones intactas mientras la desventaja fuese mínima. Consciente de ello, regresó con chispa del vestuario: empezó Williams a percutir y en su tercera arrancada llegó la igualada. Marcelo no podía con él, pero vino entonces el córner que dictó sentencia. San Mamés festejaba y se relamía, veía factible la remontada cuando Kroos templó para que Cristiano peinase en el primer palo y Casemiro, libre de marca, empujase a la red. A continuación, Balenziaga evitó la debacle en una internada hasta la cocina de Kroos y Marcelo. El golpe pasó factura, fue evidente. Se había corrido una barbaridad y aunque el Athletic quiso volver a la carga se percibió falta de frescura. Huelga decir que no todos los equipos gastan gasolina del mismo octanaje. Williams puso a prueba a Navas en una oportunidad gestada junto a De Marcos y no hubo más reseñable.

El Madrid se puso a tocar en torno al omnipresente Kroos. No quería más sustos y no los hubo. Los cambios no sirvieron para propiciar una última ofensiva. Con todo, nada que reprochar a la actitud del Athletic, que incluso asumió enormes riesgos para paliar el desgaste. Pudo haber ganado el clásico y se hizo acreedor siquiera al reparto de puntos;como preveía su técnico, el líder sufrió, pero faltó resolución y sobró un inoportuno despiste a balón parado.