hasta el 9 de mayo

El Bellas Artes acoge la belleza siniestra de la creación del bilbaino Javier Pérez

 ‘Carroña’, con diez cuervos disecados y una lámpara de cristal de Murano, se enmarca en el programa ‘La Obra Invitada’

Araitz Garmendia - Viernes, 17 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 06:03h.

Bilbao - Diez cuervos disecados posados sobre una lámpara de doce brazos de cristal de Murano rojo reciben, en el vestíbulo, a los visitantes del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Se trata de una pieza del creador bilbaino Javier Pérez, titulada Carroña, que se expone hasta el próximo nueve de mayo en el marco del programa La Obra Invitada, que cuenta con el patrocinio de la Fundación Banco Santander. La imagen fue presentada ayer de la mano de su creador, quien estuvo acompañado de Javier Viar, director de la pinacoteca; Patricia Arias, directora territorial en el País Vasco del Banco Santander; y Joxean Muñoz, viceconsejero de Cultura, Juventud y Deporte del Gobierno vasco.

Tal y como explicó el propio Javier Pérez, que además tiene otras instalaciones similares en museos de Nueva York, Miami, Tokio y París, Carroña fue realizada en 2011 en Murano (Italia). En ella, los cuervos disecados se encuentran posados sobre trozos diseminados de una gran lámpara roja de cristal parcialmente hecha añicos contra el suelo. Esa oportunidad de trabajar con los talleres centenarios italianos, que cuentan con una amplia tradición con el vidrio, le pareció a Pérez “muy atractiva”, y quiso aprovecharla “utilizando un elemento como son las lámparas opulentas que representan la riqueza, la ornamentación llevada al extremo”.

“Con esta obra me planteé transgredir ese concepto de belleza, de lujo, y transformarlo en todo lo contrario: en un festín grotesco de una bandada de cuervos con la carcasa descarnada del cadáver de un animal muerto”, argumentó el artista durante la presentación. Además, hizo hincapié en lo especial de exponer una de sus creaciones en la pinacoteca bilbaina: “Este es el primer museo en el que puse mis pies, volver con una de mis obras es para mí un honor”.

Javier Pérez es un artista que desde sus inicios utiliza diferentes materiales orgánicos, como son el cuero, látex, pergaminos, intestinos, crisálidas o animales disecados, junto a otros manufacturados, generalmente frágiles y ligeros, entre los que se encuentran vidrio, porcelana y bronce, un sello personal que también puede contemplarse en Carroña. Con esos materiales el autor compone obras que suelen remitir a la idea barroca del tempus fugit, una concepción que se vuelve a reflejar en la creación instalada en el vestíbulo del museo bilbaino.

Para el autor la obra tiene “múltiples lecturas” y aseguró que es “una constante” en las piezas que ha elaborado a lo largo de su carrera “jugar con distintas dialécticas como la vida y la muerte, la catástrofe, el derrumbe del ideal estereotipado de belleza”.

En cuanto a esas diferentes interpretaciones de la obra, Javier Pérez apuntó a que del vidrio le interesa su cualidad “frágil y rígida a la vez, atractiva y peligrosa”, mientras que el tono rojo puede ser una alusión a la sangre y a la vida que recuerda la vulnerabilidad de la existencia, puesto que “es el color de nuestro interior”. A este respecto, el prestigioso artista bilbaino destacó, sobre el color rojo elegido para la lámpara, que “no es habitual que se utilice en el vidrio, porque les plantea numerosas dificultades técnicas a los maestros cristaleros”. “Pero yo lo quería así, porque es una referencia a la sangre, a las vísceras, a la descomposición de la carne animal”, añadió.

Joxean Muñoz, por su parte, quiso resaltar que “no es lo mismo ver la obra a primera hora que verla al anochecer, porque es una pieza que se transforma mucho con la luz”. “Ese juego de la belleza, de la destrucción, de lo siniestro y lo hermoso, es un mundo que pide a los espectadores que nos centremos en la capacidad que tiene la obra”, quiso agregar el consejero.

Internacional Javier Pérez (Bilbao, 1968) se formó en la Facultad de Bellas Artes de la UPV/EHU, y en la École Supérieure des Beaux Arts de París, y pronto comenzó a destacar con un estilo propio. Sus prometedores inicios le llevaron a participar en el pabellón español de la Bienal de Venecia en 2011, donde presentó una cúpula invertida de gran tamaño formada por miles de cuentas de vidrio, a la que tituló Un pedazo de cielo cristalizado, una obra que ahora se encuentra en Artium, el Centro de Arte Contemporáneo de Gasteiz.

Javier Pérez también tiene trabajos en los fondos de otras instituciones, como el Guggenheim Bilbao o el Museo Reina Sofía de Madrid, y ha exhibido sus obras en galerías y centros internacionales como el Centre Pompidou o el Musée d’Art Moderne de la Ville de París, e incluso en el Musée des Beaux Arts de Rouen.