le estalló un obús en 2014

Absuelto el coleccionista que almacenaba armas de guerra en su caserío de Muskiz

El Tribunal no considera acreditado que la munición tuviese peligro objetivo para las personas

El coleccionista vizcaino de bombas de las guerras Civil y carlistas Alfredo Irusta, juzgado por depósito de armas de guerra, ha sido absuelto al considerar el Tribunal no acreditado que la abundante munición que almacenaba en su caserío de Muskiz tuviese peligro objetivo para las personas.

EFE - Miércoles, 6 de Abril de 2016 - Actualizado a las 16:48h.

BILBAO. Irusta, para quien el fiscal pedía 8 años de cárcel por dicho delito y quien perdió parte del músculo gemelo de una pierna al estallarle la espoleta de un obús que intentaba desactivar en su caserío de Muskiz el 14 de junio de 2014, coleccionaba desde la infancia obuses de artillería y bombas de aviación y otro material explosivo de las guerras Civil y carlistas y su afición era conocida por sus vecinos.

Colabora también, como especialista en armas de la contienda civil española, con el médico forense de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, Francisco Etxebarria, en la localización y levantamiento de fosas de dicha guerra civil, aspecto este que también ha sido tenido en cuenta por el tribunal a la hora de dictar su sentencia absolutoria.

El estallido de la espoleta permitió a los artificieros de la Ertzaintza descubrir que en un local anexo a su vivienda almacenaba casi 400 bombas y morteros de dichas contiendas bélicas que, según mantuvo la fiscal en el juicio, suponían un peligro potencial para sus vecinos al estimar que no todas ellas estaban desactivadas, como argumentaba el acusado.

En su sentencia, el tribunal de la Sección Segunda de la Audiencia considera que dada la antigüedad y el origen de la munición encontrada, el destino que le daba Irusta era el del coleccionismo por su interés histórico.

Sobre la peligrosidad objetiva de la munición hallada, los magistrados consideran que no ha podido quedar acreditada al haber destruido los artificieros de la Ertzaintza toda la munición incautada "sin autorización ni conocimiento del Juzgado" y "sin documentar debidamente el resultado".

Al proceder de esta manera, estima la Sala, la Ertzaintza privó al acusado de la posibilidad de realizar su propia prueba pericial sobre los materiales incautados, lo que produjo "indefensión" en el procesado, como alegó su abogado durante el juicio.

El Tribunal estima, no obstante, que dicha indefensión no conlleva la anulación del proceso porque los peritos de la Ertzaintza autores del informe sobre la munición comparecieron en la vista oral y se sometieron a las preguntas del letrado de la defensa.

Los magistrados de la Sala consideran que dicho interrogatorio en el juicio puso en evidencia que el informe pericial contiene "numerosas cuestiones dudosas" y que las respuestas de los peritos en la vista oral y su corrección en términos técnicos "están lejos de ser indubitadas".

Por este motivo, sostienen que el informe pericial de la Ertzaintza sobre qué parte de la munición incautada contenía carga explosiva (y por tanto representaba un peligro objetivo para las personas) y cual no, es "insuficiente" para "destruir la presunción de inocencia" (del acusado) y para demostrar que los proyectiles encerrarán un "peligro objetivo".

La Sala estima que las características del arsenal hallado, "totalmente desfasado", su antigüedad y estado, el lugar donde el acusado lo guardaba (un anexo a su propia vivienda), su ánimo de coleccionista, y que no tenía intención de usarla o transferirla, eliminan el dolo típico del tipo penal de depósito de armas de guerra del que venía siendo acusado, por lo que sentencia su libre absolución.