Historias de los vascos

El anonimato de miles de vascos ocultos en simas

La Sociedad de Ciencias Aranzadi cuantifica en más de mil los cadáveres de la Guerra Civil en los montes de Hegoalde

Un reportaje de Iban Gorriti - Domingo, 29 de Noviembre de 2015 - Actualizado a las 06:05h.

SON miles las víctimas de la Guerra Civil (1936-1939) que permanecen aún enterradas en fosas comunes repartidas por la CAV y Nafarroa. El forense Paco Etxeberria tiene claras sus conclusiones al respecto: “Para ocultar un crimen se utilizan los recursos más cómodos en la percepción del victimario. Si hay pozos, simas o acantilados son una solución”. A juicio de este representante de la Sociedad de Ciencias Aranzadi esa forma de actuar ha sido “siempre así”. La Guerra Civil no fue una excepción: el balcón de Pilatos, Urbasa, el paseo nuevo en Donostia, las rocas de Igeldo, Arrasate... Todo ellos “son lugares de memoria como la sima de Otsoportillo donde se celebra un homenaje todos los años desde la década de los 80”, enfatiza.

El guipuzcoano da en la diana al adjetivar esos lugares como extraordinariamente bellos y agregar que encierran, en su oscuridad, una enorme tragedia. Son lugares con una necesidad: “En ellos hay que poner luz, como ocurre con el movimiento de la memoria histórica que sirve para sacar a la luz todos estos hechos que estaban ocultos. Como en las simas”. Así, concluye que las simas son las otras cunetas en la montaña vasca de finales de los años 30 del siglo pasado.

El profesor de Medicina Forense de la UPV/EHU expone que millares de vascos y vascas permanecen anónimos en fosas comunes repartidas por Hegoalde. Pero además de las fosas en zonas marginales o en cementerios, se emplearon también pozos artificiales y simas naturales para hacer desaparecer las evidencias de los crímenes cometidos. “Este recurso ha sido utilizado a lo largo de toda la historia en situaciones de conflicto y explica algunos hallazgos que se han realizado: la ocultación de los cuerpos en espacios aparentemente imposibles para su localización y rescate posterior”, subraya en declaraciones a DEIA.

Sin embargo, el avance en las técnicas arqueológicas implicadas en el ámbito de las ciencias forenses ha posibilitado la adecuada recuperación de estos restos y su posterior análisis. A su juicio, en los últimos años se ha suscitado un notable interés por los asuntos relacionados con la memoria histórica, en la que aparece de forma reiterada el montañismo vasco con influencia notable de los mendigoizales antes del estallido de la guerra, y que formaron parte de las milicias nacionalistas del Euzko Gudaroztea, a los que siguieron en acciones de clandestinidad después del conflicto bélico.

En ocasiones los textos escritos sobre el montañismo vasco han reflejado algunas historias sobre lo acontecido en tiempo de guerra y durante la dictadura franquista. Algunos ejemplos de simas donde se arrojaron cadáveres en aquellos años fueron la de Otsoportillo en Urbasa (se desconoce el número de restos), Kurtzetxiki-Bedoña de Arrasate (con dos restos), Kristoleze (Lizazarraga-Andia en Nafarroa) con al parecer 10 restos, Raso de Urbasa con otros tantos, Ardaitz, en el valle navarro de Erro con dos restos, y la de Gaztelu, también en Nafarroa, con posibles 7 restos.

Otsoportillo es una cavidad natural con entrada en forma vertical, actualmente cerrada con una verja y en donde fueron arrojados un número indeterminado de cuerpos. Ha sido visitada periódicamente desde 1980 y los restos permanecen dispersos en la galería, siendo probable que se hayan extraído algunos huesos. En la de Kurtzetxiki, según investigaciones realizadas en la década de los 70 por el Grupo de Espeleología Besaide, se localizó un cráneo humano en el interior de esta sima en el barrio de Bedoña de Arrasate. Este cráneo de la Guerra Civil fue depositado en la Sociedad de Ciencias Aranzadi, ya que entre 1980 y 1990 miembros de este departamento estudiaron todas las cavidades con restos humanos del País Vasco. Más adelante localizaron más restos esqueléticos e incluso un fragmento de obús.

En Kristoleze, los restos fueron descubiertos por el grupo de espeleólogos de la Asociación Gorosti de Iruñea y se hallaron en la rampa mezclados con la basura arrojada desde el exterior. En 2010 se encontraron restos que podrían corresponder a diez personas. Pese a que no existe precisión sobre su cronología, se interpreta que pueden pertenecer a víctimas la Guerra Civil, aunque algunas fuentes opinan que podrían ser anteriores.

Esqueletos

La sima del Raso de Urbasa fue explorada en 1950 por miembros del Grupo de Espeleología de Lizarra, entre los que se encontraba Eugenio Roa. Según su testimonio, en el suelo de la sala vieron entre dos y tres esqueletos. Más adelante, Aranzadi halló restos humanos que presentaban ropas muy degradadas. “Llamaba la atención que uno de ellos se había desplazado varios metros, interpretando que debió ser porque estaba vivo cuando lo arrojaron”, afirma Paco Etxeberria. Se encontró otro esqueleto más de un fusilamiento que tuvo lugar en Eulate en otoño de 1936. Sobre 1956, familiares de Balbino García cierran la entrada a la sima con un enlosado y colocan una lápida con los nombres de algunas de las víctimas: el propio Balbino García, Gregorio García y Balbino Bados. En 2013 se exhuman a diez cuerpos en buen estado.

En 1985 el Grupo de Espeleología Satorrak de Iruñea recuperó en la sierra de Ardaitz dos cráneos de una sima. Son dos cráneos humanos sin impacto de proyectil de arma de fuego. En Gaztelu, según el libro Navarra de la esperanza al terror, a consecuencia de la Guerra Civil fueron movilizados el padre y un hijo de la familia Sagardía, quedando su mujer y otros seis hijos menores en situación muy precaria.

Finalmente fueron denunciados por otros vecinos ante la Guardia Civil por realizar supuestos pequeños hurtos. Por tal motivo, la familia tuvo que trasladarse al monte a una txabola cercana a la sima desde donde desaparecieron. Estaban emparentados con el general Antonio Sagardía Ramos y ello supuso una investigación oficial con apertura de diligencias judiciales en 1937 sobreseídas en 1946, sin que los hechos fueran esclarecidos. Se interpretó que tras los asesinatos de toda la familia los cuerpos fueron arrojados a la sima. Los bomberos de Iruñea trataron de bajar a la misma sin conseguirlo. “El año pasado, Aranzadi descubrió un cadáver reciente cuyo hallazgo noticiamos al Juzgado de Guardia de Pamplona”, concluye Etxeberria.