Hermanos de hierro

Vecinos de Pobeña viajan a Urdazubi para rememorar la venta del hierro

La fiesta del hierro tuvo además una amplia representación de productores y artesanos de la comarca y una demostración de forja a cargo de herreros de Izurdiaga

Un reportaje de Leo Benito - Domingo, 9 de Agosto de 2015 - Actualizado a las 06:04h.

UNA persistente lluvia acompañó el desarrollo del Día del Hierro que ayer se celebró en el baztandarra pueblo de Urdazubi-Urdax. No obstante, la fiesta que conmemora la llegada del hierro encartado al monasterio de San Salvador contó con el calor humano, y el buen humor de casi un centenar de vecinos del barrio muskiztarra de Pobeña que se acercaron a rememorar el comercio que desde la edad media mantenían vizcainos y navarros gracias a la apreciada vena de Somorrostro.

Para los pobeñeses es sin duda una jornada especial que remata la recreación que se celebró el pasado mes de julio del embarque del mineral de hierro en un barco venaquero que por cabotaje llevaba el conocido como oro rojo hasta el puerto de Donibane Lohitzune. Desde allí, en carretas de bueyes el mineral viaja hasta Urdazubi para satisfacer las necesidades de las cinco ferrerías con las que llegó a contar el monasterio agustino.

Ayer, a las doce del mediodía una carreta con dos imponentes bueyes llegaba a la plaza de Urdax cargada de mineral extraído en la zona de La Barga, en Abanto-Zierbena. Tal como manda la tradición los monjes del monasterio, encabezados por su abad, salieron del recinto religioso para recibir a los marineros de la sociedad Itsas Begia de Ciboure que brindaron a los religiosos un aurresku de honor a cargo de un dantzari del grupo abantoarra, Meatzaldeko Harrigorria Taldea.

Acabada la danza y tras un intercambio de impresiones sobre el viaje del mineral, llegó el turno de los ferrones navarros que analizaron la carga encartada. “Una 80% es buen mineral pero el resto es bastante pobre”, aseguraba en euskera el maestro del hierro. Tal apreciación no gustó demasiado a los porteadores lo que derivó en un regateo muy duro por el valor de la vena. Ni las penurias del viaje, ni las necesidades de los marineros hicieron mella en el abad quien finalmente ofreció catorce monedas de oro y un buen puñado de dulces a los esforzados vizcainos. Un apretón de manos zanjó la diatriba y el dinero cambió de bolsas. “Ha sido un buen trato”, se oía decir a los representantes de Itsas Begia, mientras los clérigos y sus ferrones entraban al convento con su preciada mercadería. La recreación fue seguida por un numeroso público que se congregó en las tribunas montadas por el ayuntamiento baztandarra.

Su regidor, el independiente Santiago Villares, se mostró encantado de la respuesta del pueblo de Pobeña por participar en esta fiesta del hierro que hermana a ambas localidades. “Estamos a principios de una nueva legislatura y pienso que es el momento idóneo para que desarrollemos un convenio de colaboración entre los dos municipios y así promover intercambios culturales”, resaltó Vullares. Señaló que el documento entregado el pasado año por los muskiztarras servirá de base para este hermanamiento oficial.

La comitiva pobeñesa, encabezada por el concejal de Cultura de Muskiz, Rufino Manterola, agradeció el recibimiento que el pueblo de Urdazubi tributó a los vizcainos e hizo votos porque se amplíe la relación entre ambas localidades.

La fiesta del hierro tuvo además una amplia representación de productores y artesanos de la comarca y una demostración de forja a cargo de herreros de Izurdiaga quienes tal vez lleguen a participar en la IX edición de la Burdin Jaia de Abanto-Zierbena que tendrá lugar en octubre. Al menos esa es la idea de Carmelo Uriarte, presidente de la Fundación del Museo de la Minería del País Vasco. “Me ha parecido muy interesante su trabajo de cara al público y les he pedido información para ponernos en contacto con ellos”, aseguró Uriarte quien asistió por segundo año consecutivo a la cita con la historia del mineral que forjó una hermandad de hierro entre Pobeña y Urdazubi.